Earle Herrera /// Caracazo en Quito
Quito, frente al espejo, refleja la Caracas del 27 de febrero de 1989. La imagen guarda las diferencias de distancia y tiempo, pero en general, causas y efectos, abusos y torpezas se repiten. Allí está el paquetazo del FMI y la sumisión de un presidente con su gabinete a los designios de un organismo que recuerda a Atila. Allí están los pueblos, bajando de cerros y confines. Cuando el Caracazo se convirtió en un reguero de muertos, el presidente del partido Acción Democrática, Gonzalo Barrio, se refugió en una metáfora: “Hemos recibido el beso mortal del FMI”. Lenín Moreno, menos culto y refinado que el afrancesado Barrios, escupió: “Los más violentos son enviados del dictador Maduro”. Prosaico o con elegancia, era el mismo avestruz, escondiendo la cabeza en el arenal del neoliberalismo. Otro metafórico venezolano, Rafael Caldera, dijo frente al “Sacudón” de 1989: “Venezuela era la vitrina, la show-window de América Latina; lo pobres de los cerros han roto a pedradas la ventana”...