Freddy Ñáñez /// Telémaco
¿Por qué nos cuesta tanto admitir que, de toda la Odisea , la parte que nos ha tocado en suerte es la de Telémaco? Preferimos ser Ulises —por más penas que purgue el astuto héroe —antes que encarnar a su prudente y tímido heredero. Por supuesto nos identificamos con el que viaja, el que vence al cíclope, el que restaura, al final del día, el orden de la casa. Sobre todo queremos ser el que castiga la insolencia y la voracidad de los pretendientes. Admitamos que es difícil estar del lado de quien espera. Sin embargo no tenemos más opción que ocupar su sitio: el peor y el más lejano de la denodada tripulación. Y esto es así al menos por dos razones tan simples como radicales: la primera es que la vida nos otorga una sola identidad que hemos de llevar con propiedad y para siempre: la identidad del hijo. Es parte de nuestra verdad y quizá la única certeza que tenemos. Nos guste o no es lo que somos. La segunda es que precisamente ese ha sido el rol que, en este poema, nos ha r...