Mario Silva /// A 9 meses de la traición al pueblo venezolano. ¡¡Callar es imperdonable!!
Echemos a la basura la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia
A 9 meses de la traición al pueblo venezolano.
¡¡Callar es imperdonable!!
Mario Silva
03/10/2026
No creo en frases timoratas, como “la política es el arte de lo posible” o esgrimir el diálogo como un entente para ganar posiciones en condiciones desfavorables que nos permitan acumular fuerzas o que es mejor permitir que el poder dominante nos siga cambiando sus reglas mientras apostamos a que sea verdad que existe un repliegue táctico -disculpen las faltas de comas-. Pero, por qué tengo que seguir viendo posiciones que, a sabiendas de lo que viene ocurriendo, siguen inventándose vías políticas conciliatorias con un sector que está claramente determinado a borrar la Revolución y permitir además que siguen debilitando y decepcionando al pueblo. El adorno y la orla retórica sólo es mansedumbre en un espacio donde la ley no existe.
Acaban de pedir una reforma a la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, un paso más hacia la justificación de lo que sin dudar hará el fascismo cuando tome el poder. ¿Es que nadie recuerda que la derogación de esa ley fue vociferada desde los sectores más fascistas que hoy están participando en la Asamblea Nacional? Y me hago esta pregunta desde la rabia, porque habría que concluir si existen facciones divergentes y no una cofradía en la actual Asamblea Nacional que fue puesta allí para justificar lo que impuso el imperialismo norteamericano desde el pasado 3 de enero.
A ver, ¿Saben que alcance tuvo la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia?
Empecemos por lo elemental:
La Revolución Bolivariana y quienes quisieron construirla, son en esencia el Pueblo venezolano; llámenlos chavistas, arrastrados, bembones, zarrapastrosos, como quieran llamarlo todos aquellos que se sentían superiores, blancos sajones con color extraño, clasistas, idiotas que veían en nuestro pueblo desdentado a un enemigo de clase.
Desde el principio fueron insultados, atacados, quemados, asesinados, en guarimbas y en cada uno de los intentos desestabilizadores del fascismo. Para el chavismo o aquellos que tuvieran las características de un chavista, les fue vetado la entrada en centros comerciales y sectores del este capitalino, incluso en los sectores de la llamadas “clases medias” que vivía endeudada hasta los tuétanos para poder parecerse a sus adorados amos del Country Club. Si los chavistas osaban pisar tierra “teutona”, de seguro terminarían siendo atacados y expulsados. No había marcha opositora en la que no se hubiera atacado impunemente a un chavista.
Creer que este fenómeno nazi fascista es nuevo, es ignorar que comenzó desde el mismo momento en que Chávez entró a Miraflores. En los medios de comunicación se emitieron contenidos de racismo y descalificaciones deleznables, incluso contra el Comandante Chávez. Se emitieron insultos a nombre de la “sacrosanta libertad de expresión”. Eso dio pie a las primeras agresiones que culminarían luego en crímenes en contra de nuestro pueblo.
La Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia fue aprobada en 2017 durante la Asamblea Nacional Constituyente con absoluto retardo -18 años después de haber llegado la Revolución Bolivariana al poder-, y contribuyó a ponerle coto a las agresiones racistas y de odio hacia el chavismo que se siguieron sucediendo sin control. Estábamos en el poder y, sin embargo, antes de 2017, no se penalizaba a nadie por cometer delitos de odio. Se les consideraba “perseguidos políticos”.
Cuando se empezó a aplicar esa ley y se llevaba a la cárcel a quienes lo cometían, aquellos que estaban acostumbrados a ver en el chavismo una presa fácil, tuvieron que meter debajo del colchón de su casa cualquier agresión hacia un chavista. Es verdad, y hay que decirlo, que toda esta cuerda de patanes, eran víctimas de los contenidos que se emitían de los medios de comunicación y las redes sociales. Pero, eso no justificaría jamás la agresión contra el chavismo.
Esa ley frenó la ola de crímenes que se cometerían en las guarimbas. Pero, el germen siempre estuvo allí y lo veríamos despertar con fuerza destructiva después de las elecciones del 28 de Julio de 2024, cuando arrastraron la estatua del Cacique Guaicaipuro, destruyeron estatuas y bustos de Chávez y asesinaron a chavistas, por el sólo hecho de ser eso, chavistas. Todos y cada uno de los fascistas que participaron en esas guarimbas, fueron llevados a juicio.
La presidenta encargada ha ordenado la reforma de esa ley, ¿Por qué?, ¿No fue suficiente con aprobar la ley de amnistía que sacó a la calle a asesinos convictos y confesos?
Lo más alarmante es que estemos siendo espectadores de la destrucción sistemática de la Revolución Bolivariana, de sus símbolos, de sus orígenes, de sus logros iniciales y que sean quienes se pregonaban “fervientes chavistas”, los que estén enterrando casi veintiocho años de lo que creíamos era una Revolución sin inmutarse, descaradamente, y todavía acudamos al lenguaje fútil de la justicia y las posibilidades de diálogo.
¿Cuál justicia? ¿Cuál diálogo? Se sentaron en una mesa de diálogo miserable impuesta por los gringos, con asesinos, ladrones, golpistas y, debo decirlo, ya no veo diferencia alguna entre unos y otros. Son la misma miasma.
“El pueblo es sabio y paciente”, cantaba Alí. Habría que recordarle a la presidenta y al presidente de la asamblea y todos sus cómplices, primero que se vean a un espejo -el color los delata ante el fascismo-, y segundo, no crean que salvarán el pellejo ante los fascistas del norte.
El Pueblo sabrá qué hacer.

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