Épale CCS: Chispazo de vínculo con todo aquel
A LA VISTA DE TODOS CELEBRAMOS EL 7MO ANIVERSARIO DE NUESTRA REVISTA, CON LECTORES AFABLES DEL CASCO CARAQUEÑO Y CON MIRAS A UN MINISTERIO DE LA CELEBRACIÓN QUE ORGANICE UN POCO LA PEA, AL MENOS LOS HORARIOS
POR ARGIMIRO SERNA / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ El susodicho empoderamiento del que se habla, tanto en el ámbito corporativo como en los predios de la vanguardia social, tiene sus niveles. En este caso, la clasificación es simple y estrepitosa: un vínculo espontáneo y accidental que produce la música en el espacio público permite una comunión de periodistas y su público, cohesionando un sentimiento conjunto en torno al aniversario de esta revista que estás leyendo.Épale CCS consigue el número mágico del septenio y fue celebrado modestamente en los predios de la esquina de San Jacinto, a una cuadra de la Plaza Bolívar de esta ciudad que, con ratos luminosos, es un accidente histórico que cobija a quienes desde aquí ya hemos imaginado el resto del mundo varias veces, cada una después de cada hecatombe, también imaginarias, en representación de lo que hemos vivido y no alcanzamos a decir.
Esa noche contamos con la presencia de nosotros mismos, entre otros transeúntes y laburadores del centro de Caracas. También hubo una importante asistencia de bebedores de oficio que, en el imaginario de todos los tiempos, se atesoran como militantes inquebrantables de la espontaneidad, a quienes, por cierto, tuve que ceder la posibilidad de repetir otro pedazo de torta. Un sacrificio menor, ciertamente, pero cuantioso para un orondo lambucio.
La directiva de la revista probo suerte con la animación
El cocuy estuvo a la orden por una empresa familiar que, honrando su nombre, Cocuy Agave, reseñada en esta revista un par de ediciones atrás, estuvieron presentes, cual pencas, junto a una itinerante intelectualidad de bajo perfil que bebía emociones de aquéllos que le dan sentido al oficio. Y, como es de esperarse, muchos continuaron la reunión en esos espacios donde tradicionalmente desemboca la dulce bohemia. El estandarte es el que se tabalea entre la celebración de una institución, la tendencia decadente de esa rumba que traemos de otras décadas y la reunión de un público ávido de nuevos tiempos, que pudieran adelantarse si planificamos esas celebraciones transgrediendo el orden establecido. Claro que con una revista en ciernes para el día lunes, cualquier transgresión del orden establecido se pasea por el simple desbarajuste. Un proyecto no continúa siete años más si no se sabe regular el caudal de una noche. Por otro lado, las lecturas que comienzan con música, una noche entre escritores y su público deberían negociar su propio horario. En cualquier caso, hay opiniones al respecto, así como las hubo sobre nuestro miliciano fotógrafo Enrique Hernández, que parecía cazador de momentos perdidos con su uniforme de rigor. El acto inverso del disparo que es una foto, cuando deja en la memoria otro chispazo de vínculo, en pleno centro de Caracas, al comienzo de una noche que alzó vuelo, pero fue atajada. Lo que sí no tiene discusión es que la celebración pública podría ser manifestación básica para la comunión entre funcionarios que tienden a aislarse en una dinámica hermética y susceptible de pervertirse. Claro que en otros casos, porque en éste de Épale CCS, motivo por el cual preferí quedarme en mi última convulsión migratoria, el contacto es constante, con todo aquel.
Los niños fueron la guinda de la torta

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