Fernando Buen Abad /// Hay que romper con la dictadura de la lógica
Para Fernando Buen Abad tenemos que saber “parir la nueva comunicación revolucionaria”
Próximo
a terminar el 2019, exactamente el miércoles 3 de diciembre y en el
contexto del Primer Congreso Internacional de la Comunicación
(celebrado en Caracas del 2 al 4 de diciembre pasado), Nicolás Maduro, presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela anunció la creación de la Universidad Internacional de la Comunicación.
“Una universidad para la liberación, la conciencia y la defensa de la verdad”, que debe comenzar a funcionar en este primer trimestre del año, según lo adelantó el Mandatario Nacional.
En torno a ese tema tan sensible, Todasadentro quiso consultar la opinión de Fernando Buen Abad, doctor en filosofía, investigador y docente de la Comunicación, además de especialista en semiótica en la Universidad de Lanus, Argentina.
Al mexicano, militante de las causas socialistas, lo localizamos esta vez en Buenos Aires y lo abordamos para profundizar en la esencia de la iniciativa expresada por el presidente venezolano Nicolás Maduro.
Efectivamente, “Nicolás
Maduro firmó el decreto para la creación de la Universidad
Internacional de las Comunicaciones. Es una oportunidad magnífica que
consolida una vieja demanda, una exigencia en la que muchos hemos
insistido en varias ocasiones y en diversos escenarios, en
foros internacionales, precisamente apelando a la necesidad de que
exista una escuela de formación, un espacio de análisis profundo, un
centro de desarrollo del pensamiento crítico en materia de
comunicación”, señaló Buen Abad en exclusiva para nuestro semanario.
Considera el comunicólogo nacido en México, que de allí debe
nacer “un proyecto conjunto, armado con razones filosóficas,
teórico-metodológicas, capaces de animarse, inspirarse y alimentarse en
torno a la praxis y a la teoría de una concepción que sepa encarar el
problema de la dependencia tecnológica, de la dependencia
epistemológica, pero también estética y ética, que hemos venido arrastrando permanentemente en el campo de la comunicación”.
Indica el
intelectual orgánico que no basta con tener magníficos diagnósticos,
denunciar ni saber quiénes son los dueños de los medios y cómo operan
las mafias que se han apoderado del poder comunicacional de los
pueblos, sino que tenemos que saber parir la nueva comunicación revolucionaria, emancipadora, la comunicación que transforme los vocabularios y también las formas.
“El
presidente Maduro está entendiendo la dimensión de este tema y por ello
da una respuesta que no es solamente nacional sino de la geopolítica
internacional, para enfrentar la guerra mediática que se
presenta mundialmente. Creo que estamos ante una respuesta que
interpreta el momento histórico”, puntualizó Buen Abad.
-El
periodismo y la comunicación en general, tiene escuelas y universidades
por todas partes en el mundo, con las que “prepara” a sus alumnos para
que se conviertan en “correas de transmisión” de la hegemonía mediática.
¿Cree usted que es posible enfrentar ese poderío mundial inaugurando
también universidades desde un área contrahegemónica, desde “nuestra
acera” de pensamiento crítico?
“Hay una convicción seria, epistemológica y metodológica,
que parte de la premisa de que existen muchos saberes
que se han construido desde las base”
-Efectivamente,
en América Latina, según algunos informes de la Federación
Latinoamericana de Escuelas de Comunicación, debe haber unas mil
escuelas, aproximadamente, en todo el continente. Es verdad que hay un
interés grande por “preparar” (como dices en tu pregunta, entre
comillas) a los alumnos para que, efectivamente, sean sirvientes de la
ideología de la clase dominante y para que hagan perdurar e incluso
perfeccionar, los soportes de los antivalores burgueses y obtener con
esos alumnos, investigadores y docentes, un ejército de relevo
permanente al servicio de ese proyecto ideológico que se desliza,
permanente y sistemáticamente, a través de los llamados medios de
comunicación hegemónicos. Hay una preocupación que la burguesía ha
sabido convertir en espacios de formación. Ellos tienen,
evidentemente, sus escuelas de cuadros para lo cual tienen muy bien
armado el esquema teórico y metodológico que necesitan para desplegar la
lógica de la mercancía al campo de las comunicaciones, convirtiendo a
la propia comunicación en una mercancía más. En todo caso, del
periodismo burgués o del periodismo de guerra, del periodismo de las
falsas informaciones, habría que tener -y es parte del desarrollo de
trabajos de investigación profunda- un retrato, una imagen de tomografía
computada de la realidad ideológica donde se asienta lo profundo de
esos modelos de “enseñanza”, que tienen esos aparatos de
formación burguesa en materia de comunicación. Y todo esto es parte de
uno de los muchos faltantes que tenemos nosotros, a propósito de cómo
desarrollar semejante mapa de la formación en materia de comunicación y
saber desnudar las estrategias con que se ha desarrollado
meticulosamente, durante muchas décadas, y financiando a diestra y
siniestra a cientos de profesores.
No
podemos quedarnos en los viejos formatos académicos escolásticos o de
viejo cuño que, por cierto, de nada nos sirven hoy por hoy
tomando en cuenta la dinámica de los nuevos tiempos, de la guerra
mediática, de la diversidad de la lucha, que exige una muy grande
creatividad. De modo que, tal como la pregunta lo alude, estamos ante
una respuesta acertada y correcta, aunque no es la única. En todo caso
debe servir como una herramienta organizada que se articule
adecuadamente con muchas otras.
En viceversa
-¿Con
qué cree que debería complementarse? ¿Es necesario un organo rector
interdisciplinario e integrador de países afines? ¿Pudiera ser la Alba
ese órgano?
-Desde
luego que no tendría sentido como una ínsula -si por esto se entiende
“autosuficiente”- como un organismo aislado, como una Torre de Marfil.
Todo lo contrario, debe ser un instrumento de producción de
conocimientos, de ampliación de espacios, de desarrollo de capacidades y
pensamientos críticos y, por supuesto, de prácticas revolucionarias en
materia de comunicación, que tienen que articularse de abajo hacia
arriba. No se puede entender el concepto de comunicación si no se
entiende el de comuna, el de comunidad.
Y es ahí donde tiene que articularse con las bases, con las
organizaciones comunitarias, porque, de otra manera no hay lugar para
darle fecundidad teórica y práctica, a lo que esta universidad debe
hacer, al menos desde mi perspectiva y la de la revolución, en su
profundidad teórica y metodológica, que debe impulsar y suscitar, de
manera permanente, la visión de que no debe olvidarse que tiene sentido,
sí y solo sí articula, moviliza y se integra, participa y se alimenta
de las luchas comunitarias, de las luchas desde las bases. Desde luego
que, para esos fines, es cierto que se necesita la coordinación e
integración con organismos internacionales con la propia obligatoriedad
histórica de entender y atender el problema de la guerra mediática, pero
también, principalmente, de los organismos y movimientos sociales
organizados, con los frentes en lucha internacionales, con el movimiento
obrero -desde luego es fundamental- los movimientos por la diversidad y
por la igualdad. No es que uno quiera crear una Universidad
para ver si de allí sale un movimiento revolucionario. Hay que ir a los
movimientos revolucionarios para que desde allí se instrumente y surja
la respuesta comunicacional que se necesita. Siempre y cuando desde allí, desde el corazón de esos movimientos, haya una mirada crítica y autocrítica.
El presidente Maduro ha sido muy claro: hay que ir a los muros, a las paredes, a las redes sociales, a todos lados donde sea necesario y preciso.
Y creo que sí debe ser la Alba y cualquier otro órgano integrador,
unitario, capaz de articular las bases en instancias de ellas, que estén
en lucha organizada.
-Usted
cuenta con una vasta experiencia, personal y colectiva, que en los
últimos años incluye la de la Universidad de Lanus. ¿Cuáles de ellas
considera relevantes para desarrollar la propuesta presente de la UIC?
-Me
interesa sobremanera el campo de la investigación semiótica. A mi
entender y sin olvidarnos de que la lucha emancipadora de los pueblos,
que tienen como base obligada la derrota de los modelos y relaciones de
producción capitalista, tenemos tareas muy importantes, y recupero junto
a ellas algunas ideas como las del filósofo venezolano Ludovico Silva y
de otros, como Matellar y la Escuela de Frankfurt, que han planteado la
necesidad de no olvidarnos de que si no cambiamos las ideas no
cambiamos nada, como decía también el presidente Chávez. Tenemos
que comprometernos, entonces, en la construcción de laboratorios de
investigación semiótica en los que seamos capaces de desmantelar el
armamento ideológico, entender cuál es el modelo, el tránsito y el
objetivo con los que se arma el arsenal de ataque enemigo. No alcanza
solamente con el diagnóstico y la crítica, es necesaria la concepción
dialéctica de las tareas en semiótica y justamente para eso deben ser
creados estos laboratorios de investigación y de producción simbólica.
La guerra que creemos se debe dar en el campo de la producción
simbólica es de complejidad profunda, donde se mueven ideas,
sensaciones, necesidades, afectos e incluso manías y patologías
sicológicas diversas y de esa complejidad que se registra en la
subjetividad, lo que se llama el “sentido común” (entre comillas). De
ahí se deriva un repertorio importante de preguntas y respuestas que
tenemos que saber indagar y determinar, al tiempo que aprendemos a
sembrar las semillas que permitan la reconstrucción del campo simbólico,
emancipado y emancipador, la reconstrucción del pensamiento crítico y
autocrítico y la noción de que hay que avanzar hacia nuevas formas de
comunicación, que nos permitan romper con la dictadura de la lógica, de
la técnica y la tecnología que nos han impuesto, esa dictadura de la
semántica hegemónica, la dictadura de la sintáxis con la que nos han
querido imponer el relato dominante. De modo que en ese particular
espacio nos gustaría hacer una contribución para la Universidad
Internacional de las Comunicaciones.

-Desde
el ámbito comunitario y del Poder Popular organizado se conocen
infinidad de propuestas, calificadas en genérico como “alternativas”.
¿Sabe usted si ellas han sido tomadas en cuenta al decretar la creación
de la UIC?
-Desde
luego que eso que se llama en el sentido amplio “alternativo” ha sido
tomado en cuenta desde el primer momento, cuando se ha pensado en este
proyecto universitario. En primer lugar porque hay una
convicción seria, epistemológica y metodológica que parte de la premisa
de que existen muchos saberes que se han construido desde las bases.
Que muchos frentes de luchas en nuestro continente, desde hace
muchísimos años, yo diría siglos, desde cuando la caída misma de la gran
Tenocthitlan, a manos de los colonizadores españoles, nació un proyecto
de resistencia y de lucha comunicacional en todo el continente, que se
ha venido ampliando de maneras muy completas y muy complejas.
En clave de lucha
-En resumen, y para terminar, ¿dónde debe enfocarse el centro epistemológico de este proyecto?
-El centro
epistemológico y el corpus teórico de esta universidad debe estar en la
lucha de los pueblos. Esa es la esencia y debemos exigírnosla. Yo
quiero seguir aprendiendo de esa esencia y creo debemos fundamentar
todos los pensas de esta universidad en esa gran e insustituible fuente:
En la medida en que el proceso del conocer, del aprendizaje, se basa en
el concepto de lucha, este se vuelve más dinámico, más rápido, más
efectivo. Aquí no se trata de crear un grupo de ilustrados que
quieran sabérselas todas. Tenemos mucho por aprender, por saber, por
sistematizar juntos. Es decir que esta Universidad tiene sentido en
clave de lucha. Con las condiciones de opresión, de humillación, a las
que está siendo sometida toda la especie humana, tiene sentido hacer un
espacio de pensamiento crítico, científico, universitario, que se ancle a
todas las demás fuerzas en lucha, porque la lucha es la razón de todas
las razones. De otra manera no tendría sentido este proyecto, pues sería
la repetición de otros proyectos fracasados.
Iván Padilla Bravo / Caracas
Fotos: Archivos de FBA
Ilustración: Edeylys De vita

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