Palestina: el “acuerdo del siglo” es un plan para dos hombres en apuros
Por Luis Beatón* Feb 3/20.- EEUU, Estado Terrorista de Israel, Estados Unidos, Netanyahu, Palestina, Trump
El auto-titulado “Acuerdo del Siglo”, calificado por los palestinos como “bofetada del siglo”, fue presentado por Trump y Netanyahu, ambos cada más aislados y desesperados por encontrar una manera de evitar la zozobra política.
*de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina. Tomado de Prensa Latina
El auto-titulado “Acuerdo del Siglo”, calificado por los palestinos como “bofetada del siglo”, fue presentado por Trump y Netanyahu, ambos cada más aislados y desesperados por encontrar una manera de evitar la zozobra política.
Luego
de intentos de presentarlo con anterioridad y las duras críticas
recibidas de la comunidad internacional, en especial de los palestinos
que lo tildaron de “Bofetada del Siglo”, ahora fue aireado en la Casa
Blanca con la presencia de un solo lado y la ausencia de representantes
del pueblo de Palestina.
Trump,
al enfrentarse a la reelección en noviembre, está cimentando el apoyo
entre los votantes judíos de derecha y los evangélicos, mientras
Netanyahu, que se enfrenta a otra elección en seis semanas, demostró que
puede extraer de Washington concesiones que ningún otro gobierno
israelí logró, según una valoración del diario Star de Canadá.
¿Qué
mejor distracción para Donald Trump y Benjamin Netanyahu que el “trato
del siglo” que supuestamente resolvería lo irresoluble: el intratable
conflicto de décadas de duración entre israelíes y palestinos?, es una
pregunta que aflora en círculos políticos.
La
iniciativa, por otra parte, es solo eso, no un acuerdo que deberían
firmar las partes si estuvieran de acuerdo con ella, algo que parece
difícil y que muchos consideran entierra la idea de dos estados.
Es
algo de conocimiento internacional, todas las propuestas de paz
anteriores incluían algunos cambios en las fronteras y el reconocimiento
de las necesidades de seguridad de Israel, a cambio del reconocimiento
de un Estado palestino. Ahora, entre otras cosas, se habla de la pronta
anexión de territorios palestinos, de conculcación de derechos.
En lugar de refrescar la solución de dos estados, el plan Trump parece un paso más para enterrarlo.
La
iniciativa estadounidense ?dicen que fue redactada por los israelíes-
le da a Israel virtualmente todo lo que buscaba. El estado palestino que
prevé se fragmentaría, con los asentamientos judíos que constituyen
gran parte de la Ribera Occidental bajo control israelí. Estaría rodeado
de territorio israelí y carecería de una verdadera soberanía. En
resumen, no sería un verdadero estado en absoluto.
Aun
más, la “mesiánica” idea del gobernante estadounidense, que ofrecería
50 mil millones de dólares para un estado palestino invisible, establece
una larga lista de condiciones para que los palestinos alcancen incluso
este tipo de independencia altamente controlada.
Para
llegar a eso deben desarmar a Hamas, reconocer a Israel como un estado
judío, y establecer un gobierno y un sistema legal totalmente al estilo
occidental, condiciones inaceptables para los palestinos.
La
aplicación del denominado plan de paz de Trump para el Medio Oriente es
más que nada la consumación de la estrategia estadounidense-israelí de
eliminar a Palestina como estado independiente.
Expectativas
creadas ante la marcha de la llamada “Bofetada del Siglo” y críticas
posteriores al ser divulgada el 28 de enero por Trump, junto al primer
ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en Washington, son vistas, además,
como una distracción.
Thomas
L. Friedman, especialista en política exterior y ganador tres premios
Pulitzer preguntó en un análisis publicado en The New York Times. ¿Este
plan se trata de dos estados para dos pueblos o se trata de una
distracción para dos líderes sucios?
Tanto
Trump como Netanyahu tienen una gran necesidad de cambiar de tema y
apuntalar su base común de judíos de derecha y evangélicos, importantes
puntos de apoyo para seguir al comando en sus países.
Esto
huele mal, subraya Friedman, y precisa que el éxito de una iniciativa
debe contemplar a ambas partes para que sea “seria y sostenible”.
Netanyahu
ya anunció que con las bendiciones de Trump, Israel se moverá
rápidamente para aplicar su ley (equivalente a la anexión) al Valle del
Jordán en Cisjordania y a todos los asentamientos judíos en el
territorio ocupado, con lo que se consumaría parte de la política de un
solo estado que promueven los sectores más reaccionarios en Washington y
Tel Aviv.
La
iniciativa contempla que Israel se quede con Jerusalén Oriental, más
del 20 por ciento del núcleo de Cisjordania, con todos sus
asentamientos, más el Valle del Jordán, y el 70 por ciento restante se
convertirá en un estado palestino independiente, si los palestinos
aceptan todo tipo de requisitos de seguridad.
El
análisis apunta, además, que los israelíes quieren toda Cisjordania y
consumar un solo estado donde vivan los 2,5 millones de palestinos de
Cisjordania sin plenos derechos políticos, algo que nada envidiaría al
régimen de apartheid que alguna vez existió en Sudáfrica.
Algunos
críticos opinan que lo que está en marcha es un movimiento que sería el
último clavo en el ataúd de la solución de dos Estados.
Una
evaluación de Nathan Thrall, un especialista en la región y director
del Proyecto Árabe-Israelí del International Crisis Group, plantea que
el plan Trump sólo da los últimos toques a una casa que los legisladores
estadounidenses, tanto republicanos como demócratas, ayudaron a
construir durante docenas de años.
Durante
los últimos decenios, a medida que Israel se apoderó lentamente de la
Ribera Occidental, poniendo más de 600 mil colonos en el territorio
ocupado, Washington le proporcionó apoyo diplomático, vetos en el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, presión a los tribunales y
órganos de investigación internacionales para que no persiguieran a
Israel y dio miles de millones de dólares en ayuda anual.
Además
de las reacciones escuchadas en el mundo árabe contrarias a la
iniciativa, sectores políticos en el país la ven con escepticismo, más
cuando fue ideada sin una contraparte, en este caso la Autoridad
Nacional Palestina.
Un
artículo de Laura Kelly y Brett Samuels, publicado en el diario The
Hill, da mucha luz sobre lo que persigue con el plan. Poco después de su
anuncio, el gobierno israelí dijo que votaría este fin de semana sobre
la anexión del 30 por ciento de Cisjordania.
Trump
no desconoce pero si posterga la idea de los dos estados pero, el
palestino, solo sería establecido con condiciones que niegan el derecho
al retorno, elimina sus derechos sobre Jerusalén y toda una serie de
imposiciones que conculcan los derechos históricos de ese pueblo.
Al
respecto, la senadora demócrata Elizabeth Warren desbarató el plan de
la administración republicana, argumentando que no ofrecía un verdadero
futuro para un estado palestino.
Pero
no faltan los acólitos del mandatario como su embajador en la nación
judía, David Friedman, quien dijo en una reunión informativa con
periodistas que ‘Israel no tenía que esperar en absoluto’ para empezar a
anexar áreas que el plan le designa.
Hoy,
lo que está claro, pese a los bombos y platillos en Washington, es que
no habrá un acuerdo sin que el pueblo palestino participe en la
negociación. Más aún, Trump va camino a enterrar una solución a lo que
se califica como el nudo gordiano de la crisis en el Medio Oriente, la
solución de los dos estados, uno palestino y el reconocimiento del
creado por Occidente en Israel en 1947.*de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina. Tomado de Prensa Latina

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