ALEJANDRO CARRILLO GARCÍA /// Los caramelos de la CIA
"Una
conciencia saturada de las brutalidades que cometieron contra millones
de inocentes vietnamitas (entre otras), son las miserables monedas con
que les pagan por los servicios prestados"
Foto de mural de Banksy
Foto de mural de Banksy
(forty five years after)
Una
sombra miserable de vergüenza y cobardía cubre hoy a los Estados Unidos
de América al cumplirse cuarenta y cinco años de su humillante
derrota ante el pueblo socialmente organizado y disciplinadamente entrenado de Vietnam.
Entre 1955 y 1975, El Pentágono y a la CIA, ejecutaron en
Indochina la primera guerra farmacológica. Nunca antes en la historia
se había usado en forma masiva sustancias psicotrópicas adictivas dentro
de un inmenso contingente de soldados, ordenado por sus propios
generales. Cientos de miles de marines fueron inducidos a consumir drogas pesadas, fueron usados como verdaderas ratas humanas de laboratorio. Acatando órdenes jerárquicas de sus superiores, durante largas misiones de reconocimiento, les fueron suministrados cocteles de speeds, opium y esteroides.
Siguiendo al pie de la letra el Manual Kubark de la CIA y los instructivos militares del Pentágono, a cada soldado se le debía administrar, por cada 48 horas de combate, 20
miligramos de estimulantes (anfetaminas y dexedrinas), adicionalmente
opioides, como la potente droga Darvon, combinado con esteroides. Pero
dichas dosificaciones raramente fueron obedecidas, ergo, a los marines se les suministraban tan frecuentemente como lo requirieran, por lo que
eufemísticamente se les denominó “Candies” (caramelos). Toda una
fábrica de héroes, modelos ejemplares de la Civilización Occidental y
del consumo marginal estadounidense. Ratas humanas de laboratorio, el
epítome cultural del glamoroso estilo de vida de una sociedad que desde
dentro esta carcomida de odio y prepotencia.
Así que para disipar el temor de la guerrilla comunista, mantener un estado de alerta y prevenir las intempestivas emboscadas, se les daba valor caramelizado, y se impartía coraje en tabletas. Entre 1966-1969, los infantes de marina consumieron 225 millones de caramelos, con el debido acato y debida obediencia, las misiones de los
bravos y libres norteamericanos consumían un promedio de 205.450
tabletas diarias. En un periodo de tres años, igual a 1095 días, fueron suficientes dosis y sobredosis como para destruirle, cada 24 horas, el sistema nervioso, de varias manadas de elefantes.
En toda
misión de reconocimiento de largo alcance, en el bolsillo del uniforme
de estos valerosos soldados norteamericanos, destacados en Vietnam, por
instrucciones de los superiores jerárquicos, siempre debían tener sus
dosis de heroicidad, consistentes de 12 tabletas de déxedrinas, 12
tabletas de Darvon (opio) e inyectadoras cargadas de esteroides. Muchos
de estos bravos y valientes eran evacuados de los campos de batalla,
víctimas de colapsos nerviosos y sobredosis. Semejante cocktail de drogas para producir, en frio, infanticidios y genocidios sin el menor remordimiento posible. Todo debidamente avalado por el Food and Drug Administration y la Asociación Internacional de Psiquiatría.
Hoy,
a esta misma hora, pasado casi medio siglo, en muchas ciudades de los
Estados Unidos, cuarenta y cinco años después de su vergonzosa derrota,
esos conejillos de indias humanos, vagan insomnes en la inmensidad de un
vacío lleno de “flash backs” (tormentas
mentales regresivas), gracias a los fármacos inyectados en sus cerebros
por el Pentágono y la CIA, con la anuencia de la Casa Blanca. En veinte
años de intervención directa, los oficiales y marines
del portentoso ejército de los Estados Unidos consumió el equivalente a
un billón quinientas mil (1.500.000.000) dosis de caramelos.
Las
memorias regresivas escenas sangrientas, la ausencia total de sueño, la
imposibilidad de conciliar la paz del pensamiento y una conciencia
saturada de las brutalidades que cometieron contra millones de inocentes
vietnamitas, son las miserables monedas con que les
pagan por los servicios prestados. Muchos de estos veteranos duermen en
las calles, ante la mirada indiferente de los transeúntes que los ven
como mendigos, bichos raros. Son vidas desechables, la Ley del Condón.
Miles
de veteranos de guerra de E.E.U.U. no gozan de una pensión o servicios
médicos dignos, han sido dejados a su suerte. Muchos de ellos en sillas
de ruedas, físicamente lisiados, con extremidades amputadas y severas lesiones psiquiátricas; se
ven forzados a mendigar para sobrevivir. Otros viven en condiciones
infrahumanas cargando las secuelas postraumáticas por el consumo
extremos de heroína y drogas pesadas.
Dos millones quinientos noventa mil (2.590.000) marines fueron expuestos al potente herbicida Agente Naranja, transmitiendo horribles taras genéticas a sus descendientes. Todavía son noticia los suicidios que cometen los derrotados veteranos por los horrores que arrastran 45 years after; sobrevivientes sonámbulos que deambulan sin rumbo aún por las calles de Estados Unidos, preguntándose el porqué de una guerra a la cual fueron llevados, bajo el engaño, en áreas de: ¡la lucha contra del demonio comunista y en defensa de la libertad! ….bajo fianza.
Poblaciones civiles enteras fueron arrasadas, el tejido social destruido con napalm. El agente naranja arrasó
arrozales, selvas enteras exfoliadas, y se condenó a la miseria de las
malformaciones genéticas a futuras generaciones del pueblo vietnamita.
El fósforo blanco acabó con miles de vidas inocentes, en fin Estados
Unidos desplegó toda su panoplia militar. Se incineraron vivos a niños,
mujeres, ancianos, madres embarazadas. Aldeas enteras fueron rociadas
con napalm, fosforo blanco y agente naranja, como quien rocía
insecticidas para exterminar animales inferiores.
Forty five years after, cuarenta y cinco años después, Vietnam victorioso y unificado se levanta como una gran nación, ha
consolidado un fuerte aparato productivo, capaz de autoabastecerse en
todos los aspectos de sus necesidades agroalimentarias y exportar sus
productos, con un significativo desarrollo industrial y avances científicos importantes. La misma estrategia de guerra de la disciplina social y el trabajo colectivo en colmena, que Ho Chi Minh y el General Giap diseñaron para ganar la guerra contra los Estados Unidos, es la misma línea de acción en conjunto que colectivamente ejecutan en todos y cada uno de sus actos para ser una poderosa potencia en desarrollo, con un pasado histórico glorioso digno de toda nuestra admiración y respeto.
El 30 de abril de 1975, el Ejército Popular de Vietnam
derrotó definitivamente, por aleccionadora paliza, al todopoderoso
imperio norteamericano. Mientras los soldados del Viet Cong avanzaban
victoriosos sobre la antigua ciudad de Saigón, hoy ciudad Ho Chi Minh,
los helicópteros atiborrados de funcionarios de la embajada
norteamericana no
podían levantar vuelo por el exceso de personas desesperadas que
intentaban abordarlos, tropas aerotransportadas se estrellaron y más 110.000 pity - yankees salieron volando en fuga. Los
derrotados se arrojaban al mar en el desespero de la huida, los botes
de salvamento fueron insuficientes, los portaviones no se daban abasto
para evacuar a miles, el pánico se apoderó de marines, así como también
de los opositores que veinte años antes habían apoyado la invasión imperial estadounidense.
Ante tanta arrogancia y prepotencia, el frágil tío Ho humildemente les advirtió:
“Por
cada diez de los nuestros que matéis nosotros mataremos uno de los
vuestros…y antes que esto suceda ustedes los norteamericanos estarán
derrotados”
Como
en efecto así sucedió. Vietnam fue la primera gran guerra televisada,
así como retrasmitida fue también la gran derrota norteamericana. 58.000
marines perdieron la vida en acción, 300.000 marines heridos, 1700 desaparecidos, otros centenares de miles de soldados norteamericanos regresaron a sus casas con una amplia adicción a las drogas y con serios problemas de adaptación social, miles en sillas de ruedas, con extremidades amputadas, minusválidos y en su gran mayoría con graves trastornos mentales.
El Síndrome de la Guerra de Vietnam marca
el inicio de la expansión masiva del consumo de drogas de todo tipo en
USA, la aparición de los carteles del narcotráfico, y el principio
de la transmutación del gran sueño a la gran pesadilla norteamericana.
Esa perturbada mentalidad es el signo de una sociedad enferma, criminal
capitalista, viciada de prepotencia y de una falsa superioridad que entraña a la bestia de los últimos tiempos, a una potencia genocida.
Sin
embargo, la vergonzosa derrota que sufrió el más grande imperio de la
historia de la humanidad, no ha sido lección suficiente para que cese en
su afán de crear enemigos imaginarios, invadir países y sembrar a su
paso muerte y destrucción. Las destrucciones de
Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria y las intervenciones en
Gautemala, Rep. Dominicana, Panamá, Chile y ahora Venezuela son la
secuencia interminable de su papel de perro guardían del planeta.
La
clase dominante y supremacista de los Estados Unidos de Norte América
se siente ungidos por un mandato divino para instalar en todos los
órdenes, de su expan-sionismo hegemónico, fábricas de pobreza, fábricas de violencia y fábricas de drogadictos.
Por eso al hablar de Vietnam el comandante Ernesto Guevara expresó:
“O Revolución Socialista o caricatura de la Revolución…debemos crear uno, dos, tres… muchos Vietnam”
!VENEZUELA TERRITORIO LIBRE DE DROGAS ! !VENCEREMOS!
ALEJANDRO CARRILLO GARCÍA

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