CAROLA CHÁVEZ /// La pandemia aceleró el equilibrio multipolar

CAROLA CHÁVEZ

El coronavirus, que vino a desnudar al mundo y dejarlo en pelotas, no derrumbará al capitalismo ni hará que vuelen los pavos reales por nuestras avenidas, pero sí aceleró un proceso de equilibrio del poder multipolar que definitivamente es indetenible.

Quien así se expresa es la conocida escritora Carola Chávez en torno a esta inédita coyuntura a partir del covid-19 y que corresponde vivir hasta que amaine su propagación.

Está convencida de que ya no queda nada de disimulo. “Los países poderosos, esos que son perfectos, donde sus ciudadanos tienen lo que desde aquí los aspirantes llaman ‘calidad de vida’, no supieron sino dejar morir a la gente por no perder dinero, porque entre el dinero y la vida humana, el dinero siempre gana”. Y alerta, “perdieron ambas cosas: murieron y siguen muriendo cientos de miles y sus economías crujen”, señaló.

Se refiere al verso de la ranchera, “la vida no vale nada”, para denunciar que en esas latitudes dedican millones del dinero público, no para salvar a los millones de trabajadores puestos en la calle por las empresas cuyas finanzas se vieron afectadas por la pandemia, sino para salvar a las empresas que luego no salvarán a nadie sino a los bolsillos de sus dueños.

Visualiza que ante esa realidad surge una suerte de acera de enfrente que llega con fuerza. “Los chinos, cuyo país se parece al de Los Supersónicos en la vida real, tienen décadas creciendo y calladitos se han convertido en el país de futuro”, por lo que hacen ver obsoletos y oxidados a los países que llamamos avanzados.

Considera esta seguidora de la obra de Jorge Amado que China llega a la escena pandémica poderosa y solidaria, frente a la miseria y mezquindad que venían exhibiendo aquellos países con etiqueta de ejemplares. “Alemania quitándole mascarillas a Francia, que a su vez bloquea la venta de productos farmacéuticos a España e Italia que se ahogan en contagios y muertes, y a cuyos habitantes no les queda más que aplaudir su miedo en los balcones, mientras Inglaterra y Holanda tildan de sensibleros a los países del sur de Europa por esos apegos familiares inútiles que los impulsan a querer salvar a sus abuelos”.

Además señala que Estados Unidos, “reyes del arrebato y el saqueo”, ya mostró su intención de comprar toda la existencia de una vacuna que no se ha inventado –claro, con China jugando fuerte, con otros modos de relaciones entre naciones–, que más que contra el covid-19 buscan salvarse de la multipolaridad.

“Quien encuentre la manera de detener este virus definirá muchas cosas en el orden mundial, ya sea para cambiar algunas a favor de la gente o para profundizar aún más las diferencias que nos condenan a unos para el beneficio de otros”, reflexionó.

¿Neomalthusianismo o qué?

Consultada acerca de la corriente neomalthusianista de exterminio de poblaciones durante esta pandemia, denunciada de manera solapada, sin nombres ni apellidos en el concierto mundial de la (des)información, la bloguera de tongorocho indica que hay supragobiernos a los que no les importa ni siquiera su propia gente, porque la consideran un instrumento desechable que solo sirve para que unos cuantos acumulen riquezas y poder desmedido.

“La muerte de muchos puede ser conveniente, o no, lo que sí es cierto es que a esos poderosos no les importa”, dijo.

Cuando se analiza el registro de muertes por covid-19 salta a la vista que las estadísticas las ocupan los ancianos, que son pensionados y por lo tanto considerados una carga social; personas con patologías crónicas, otra carga social poco productiva, y los pobres, estigmatizados desde siempre como carga social. “Con o sin intención de que así fuera, el hecho resulta bastante útil para ese sistema que impone recortes cuando se trata de atender las necesidades y los derechos de los pueblos”, remató.

Hugo Chávez visionario

Carola, confesa admiradora de los líderes de principios socialistas Omar Torrijos y Hugo Chávez, asevera que el presidente venezolano, aunque no previó la pandemia, dejó un azimut hacia dónde iba el mundo: Supo hace 20 años lo que iban a representar Rusia y China ahora. Visualizó las cosas comunes con Irán más allá del petróleo. Ubicó a Venezuela en el tablero del mundo en la zona del nuevo eje de poder mundial que en ese momento resultaba inimaginable.

“Se burlaban de Chávez cuando hizo convenios con los chinos. Decían que nos iban a llenar de piñatería y baratijas a cambio de petróleo. Nos dejó en buena compañía” y asegura que gracias a esos países aliados se ha podido sortear la pandemia sin las consecuencias horrendas que el bloqueo pretendió imponernos. Señala que esa jugada fue “otra bofetada a la hegemonía criminal que se desarma. Somos un país pequeño que resiste a la naturaleza y a la política criminal de Estados Unidos y Europa. Y no estamos solos”, puntualizó.

Insiste en que a mayor resistencia, con apoyo chino y la mano amiga rusa, “los gringos vociferan impotentes, amenazan peligrosamente, y mientras más desnudos quedan, más unidos y fuertes se vuelven los países que ellos amenazan”.

Se enorgullece de que Venezuela, pequeña en territorios y población, se muestra gigante en valentía y dignidad, y destaca entre quienes desafían el desorden mundial impuesto por el imperialismo.

Fuera de base

Con respecto a la actuación de la OMS ante el covid-19, considera que posiblemente previeron algo similar, pero como ya se habían enfriado varias alarmas con menor impacto como la AH1N1, este campanazo fue desatendido y “nos agarró a todos fuera de base”.

En inmediata visión retrospectiva afirma que cuando el virus llegó a Europa se notaba lejano. Y cuando llegó el pánico fue más por los efectos sobre la economía que sobre la salud.

Comprobado quedó que todo “lo que dijera la OMS sería cuestionado, descartado. Lo que dijera China, que ya estaba controlando la situación, era propaganda. Cada quien quiso probar sus propias tesis. Una cosa tan barata, tan disponible, tan efectiva como el tapaboca, fue motivo de disputas hasta políticas y de muchas muertes”.

Con respecto a una teoría del llamado primer mundo y que terminó con un alto costo en vidas, denominada inmunidad de rebaño, Carola Chávez afirma que explicada sangrefríamente como lo hizo Boris Johnson –primer ministro británico–, que se muera quien se tiene que morir, y no hacer nada para evitarlo, ni siquiera intentar aplanar la curva para que los contagios no se dieran todos al mismo tiempo, aumentó los índices de letalidad de un virus que más que mortal es súper contagioso, y ello genera colapso de la capacidad de atención hasta de los mejores sistemas de salud del mundo. “Planteada así, la inmunidad de rebaño, a lo loco, mató a mucha gente y fue buena hasta que a Boris Johnson le tocó hacer su parte como contagiado, y nadie será señalado por eso”, lamentó.

La escritora indica, además, que la manipulación le asignó al virus características de arma política, donde China, señalada como culpable, regaló y regala equipos y mascarillas. “Esos chinos malucos se quieren apoderar del mundo salvando vidas y no matando a bombazos como lo hacen los buenos de la película, los soldados Ryan gringos y sus amiguis de la OTAN”.

Denunció que los medios de comunicación “crean irrealidades que la gente acepta, asume y repite como hipnotizada, y con sus mascarillas chinas, con sus vidas intactas porque un médico cubano cruzó el mundo y los salvó, seguirán jurando que los comunistas son malos, porque así lo dice la tele. Esa es la verdadera y más dañina inmunidad de rebaño”, sentenció.

Ejercicio de imaginación

Con profundo carácter crítico Chávez considera que la pandemia representa una bofetada a la soberbia humana, porque el hombre, con sus adelantos y su inteligencia, ha querido dominar a la naturaleza y ser su domador, torcedor de sus designios, “hasta que llega un virus tan chiquito que ni podemos ver y nos cambia la vida entera en un segundo”.

Señala que esta realidad solo era posible en una película. “El 13 de marzo mi esposo estaba en el aeropuerto de Maiquetía para regresar a la casa. Cuando se subía al avión anunciaron el primer caso. Aterrizó en una vida distinta. Aterrizamos todos a una vida donde planificar el futuro es un ejercicio de imaginación porque no sabemos bien cómo va a ser esa nueva normalidad”, afirmó.

Con visión muy positiva considera que la pandemia representa una oportunidad de inventar y reinventarnos y cree que en el marco de la lógica estos momentos dan para uno hacer lo que le da la gana. Maneras de vestir, horario de comida, libre de las imposiciones del tiempo de trabajo en la calle, porque hay que superar la cuarentena, ganarle a la ansiedad y al fastidio.

“He tratado de aprovechar la cuarentena para hacer lo que la vida diaria normal no me dejaba hacer. Duermo hasta las 8 y media de la mañana. ¡Duermo! Siembro semillas.

Garabateo ideas de guiones, de cuentos, de libros que nunca voy a vender. Estiro la comida inventando nuevos platos medio raros, algunos sabrosos, otros no tanto, pero invento”, añadió.

Aciertos en pandemia

En el marco de los modos y las conductas que impone el virus erróneamente llamado chino, a decir de Carola Chávez, Venezuela ha demostrado, por encima de todo, que la vida está primero y que la economía sin gente no existe.

Indica que el correcto proceder venezolano tiene sus bases en la capacidad de estar bien informados, en actuar a tiempo, en aceptar ayuda y brindarla. Además considera que se ha logrado buena asesoría, lo que redunda en la baja tasa de mortalidad, “y se ha visto la voluntad del Gobierno de preservarnos”, sentencia.

Con respecto al comportamiento del pueblo, está consciente de que una cuarentena tan larga es muy difícil hacerla llevadera. No obstante, afirma que la mayoría de la gente ha sido disciplinada, aunque al pasar de los días se pierde el miedo. A ello se suman los trocheros, la irresponsabilidad y el egoísmo de algunos. “Sin embargo, el Gobierno sigue en su empeño de proteger al pueblo, aunque hay que saber que no es nuestra niñera”.

Señala cómo los planes de cuarentena, flexibilizaciones, refugios, descartes, pruebas masivas se desvanecen cuando la gente decide rumbear… “Rumbean los ricos, rumbean los pobres… Por eso, Nicolás se preguntaba: ‘¿Qué más tengo que explicar, cómo tengo que decírselos?’… Lamentablemente, con un virus tan contagioso, algunos van a tener que entenderlo cuando no sirva de nada. Falta que hagamos todos lo que nos toca hacer: cuidarnos y cuidar a los demás”.

Normalidad con tapabocas

Considera que la normalidad es –o era– una cosa que nos oprime y exprime y que llegamos a aceptar como algo irremediable. “El estrés de la vida cotidiana, el tiempo comprometido para todo, menos para lo esencial, para lo humano. Esa es la normalidad que conocemos. Y no se avizora nada diferente para cuando volvamos a la calle. Supongo que será igual de estresante pero con tapabocas”.

Chávez cree que con la llegada de la vacuna todo este trauma quedará en el olvido, “porque la necesidad y la carrera por el pan de cada día, y todas esas cosas que en la cuarentena descubrimos que no eran vitales, que esa necedad de querer tenerlas todas, nos robaba la vida, que es la normalidad que nos impusieron, volveremos a aceptarla contentísimos porque por fin podremos regresar al centro comercial. No lo digo con cinismo, lo digo sin resignación y con un poco de tristeza”, enfatizó con mucha sobriedad la también humorista.

Inventando o errando

“Nos veo inventando o errando. Nos veo sorteando nuevas reglas impuestas por el bloqueo, que cada vez que resolvemos algo busca cómo derrumbarlo. Nos veo en resistencia. En cuanto a política, nos veo zafando nudos, enfrentándonos a nudos nuevos”, proyecta Carola Chávez para cuando no haya pandemia.

Desglosa que van como de la mano la política y la economía en esta situación de asedio. “No podemos sentarnos y creer que las soluciones llegarán solas, sin la participación de todos. No hay ni habrá soluciones mágicas. La solución no la tiene (Karl) Marx, ni (Jesús) Farías, ni Pascualina (Curcio). No hay teoría que aguante un bloqueo donde las reglas no existen, donde cambian cada día, donde todo, hasta lo más vil y nefasto vale. Nos veo, entonces, desaprendiendo y aprendiendo”.

Proyecta a un pueblo destetado, encontrando el rumbo, sembrando hasta en los balcones, volviendo a la tierra, creando, sin esperar que las creaciones lleguen por los puertos. “Nos veo creciendo como país, apuntando en la dirección correcta, depurándonos de la toxicidad de la abundancia excesiva que nos hizo creer que el cupo Cadivi era un derecho humano y que comprar en Ámazon era parte fundamental de ‘El Legado’”.

Cree firmemente que este pueblo crecerá, con los dolores que implica crecer. “Veo a un país adolescente que será un país adulto maravilloso”.

Por ello reconoce que hay una lista de tareas por resolver, como por ejemplo la educación, que debe replantearse según lo vivido en esta pandemia con los estudios a distancia. Al respecto opina: “El estrés de los padres de tener que ser profesores, sin tener idea de cómo se hace eso, puede recaer sobre nuestros chamos. Para ser profesor hay que tener talento, vocación y estudios. Saber enseñar a aprender no es fácil”.

Y aprender parece una tarea y un reto pospandemia para todos.

Mini Biografía

CAROLA CHÁVEZ

Caracas-Venezuela, 1964

Nació del matrimonio entre el guaireño José Rafael Chávez y la caraqueña doña Beatriz González. Cursó primaria en el Instituto Santa Cruz de Valencia, y en medio de la cultura del “ta’ barato, dame dos”, aprobó estudios medios en Estados Unidos. Sin carrera universitaria concluida pero con el definido oficio de escritora, su pluma ha refrendado obras como Qué pena con ese señor y En compañía de Chávez, entre otras; ganó los premios Fabricio Ojeda, Aníbal Nazoa, y el PNP Simón Bolívar como parte del equipo de El Especulador Precoz. Se casó hace 30 años al son de las aterradoras notas musicales de la película Tiburón, y como “en el mar la vida es más sabrosa” echó raíces en Margarita (donde es jefa de calle de su Clap), con su esposo y sus dos hijas, Daniela y Gabriela, dos gatos, una perra y cuatro morrocoyes.

Ciudad Ccs/Luis Martín


 

 

 

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