Isabel Vileya /// CUARTO SALTO

 


Algunos marxistas insisten en un orden de esperar a que los acontecimientos se acomoden a nuestras necesidades por "justicia divina" o por un orden superior que tendrá que aplicar esa justicia porque, en su lógica de pensamiento, es lo que corresponde.

Estos compañeros, que no tienen porque ser "mala onda", además de ser metafísicos, son infantiles, pues creen que por la honestidad de sus principios, estos terminarán por imponerse por su propio peso. Y esto, es un grave error, solamente el concurso de nuestros esfuerzos puede torcer el destino.

En lo particular a mi me gustaría pensar que la humanidad reaccionará antes de la debacle, lo pienso por el instinto de supervivencia, pero sé ciertamente que para que eso suceda antes de la ir reversibilidad debe haber quienes sostengan posiciones correctas y las propaguen, porque de lo contrario, no habrá conciencia sobre la realidad, ni sobre lo que habrá que hacer.

Si no existe acumulación de fuerzas con dirección oportuna, no se puede esperar que la propia vida corrija los acontecimientos que estamos presenciando y mucho menos que sea el enemigo, que nos ha llevado hasta estos funestos momentos, para que la humanidad se auto corrija por si sola.

Veo que algunos en se encomiendan a la buena voluntad del opresor, eso ha pasado muchas, demasiadas veces en la historia, síndrome de Estocolmo lo llaman incluso. En esa dinámica, es en la que se construye el paradigma de recibir migajas y estar agradecidos. "El secuestrador me mantiene con vida un día más, que bueno es, podría matarme pero no lo hace". Así el secuestrado, deja de pensar en que el acto del secuestro es la vulneración mayor y tiene el propósito final de algo peor que la muerte física inminente, doblegar al secuestrado hasta exprimir sus últimas gotas de vida y deshacerse de él cuando no haya más que sacar.

Y en la lógica del secuestrado hemos entrado desde hace mucho, dar lo que se nos pida para respirar un día más, mientras el hampón acaba con los recursos naturales, con nuestra salud, con nuestros modos de vida, vamos debilitándonos día a día, concediendo no sólo nuestras fuerzas físicas, sino nuestra moral de resistencia.

Cada día que esperamos que los grandes capitalistas qué dirigen millones de destinos humanos se ablanden y entren en razón, no sólo se pierden miles de vidas humanas, sino que se está hipotecando la esperanza de liberar a la humanidad de un yugo de clases que a estas alturas amenaza a toda la especie.

Está guerra mundial silenciosa que se está librando, no es un cambio de sistema por uno de reparto más justo, sino por uno de pervivencia de toda la humanidad y es tan grueso el conflicto que abarca a otras especies y la integridad del propio planeta. Es un colapso civilizatorio por la acumulación capitalista contra la reproducción de la vida.

Mientras ellos, los estrategas de las tasas de valores hablan de rentabilidad, de reestructuración, de deuda, de crecimiento económico, nosotros, los "trasnochados marxistas", estamos obligados a poner en el centro del tapete la reproducción de la vida, porque de eso se trata. Hombres y mujeres que han nacido en el arbitrio de la naturaleza caprichosa y sólo por ese hecho, tienen el derecho natural y consuetudinario a existir recibiendo todos los dones de este planeta, y no solamente porque es el orden natural superior de la naturaleza que sucede al margen de la creatividad del hombre, sino porque esa creatividad del hombre es uno de los propios dones que la naturaleza ha dotado al hombre como herramienta para hacer posible el acontecer cotidiano y compatibilizarlo con la vida. Existimos porque sí, y tenemos las herramientas para acomodar nuestra existencia a unos parámetros de vida armónicos y sustentables.

Que también existan hombres que se arrogan el derecho a saltar por el orden de la vida natural de la reproducción de la vida y hayan creado sistemas artificiales de acumulación mercantil, es un producto natural, pero no el único, y además ese sistema es inviable a largo plazo para compatibilizar la existencia de la vida humana en la tierra.

Marx refutó a Malthus y ya no cabe discusión de que se puede llegar a un sistema en el que no sobren seres humanos. Engels, fue un poco más allá en el Antiduring, desentrañando las contradicciones capitalistas del eugenismo. En su argumentario, Engels definió la sostenibilidad de la estructura social comunitaria en un acto voluntario, no en un problema de orden natural como sostienen los darwinistas sociales.

Los clásicos preludiaron lo que debe ser el cuarto salto en la dialéctica de la humanidad, aun sin profundizar en una teoría exacta, ya anunciaron que este salto, se trataba de propagar la conciencia en la necesidad de la colaboración de la especie en lugar de la competencia individual, como único sistema político, social, económico y cultural capaz de hacer compatible la creatividad del hombre con la pervivencia de la especie, el respeto a las otras especies y la preservación del planeta, a eso lo llamaron comunismo.

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