🚨 LA CIA ARREMETE


 Las venas de América Latina vuelven a sangrar bajo el peso de la bota imperial. Lo que durante décadas se denunció como una teoría de la conspiración, hoy se despliega ante nuestros ojos con un descaro sin precedentes.


Los aparatos de inteligencia de los Estados Unidos, con la CIA como brazo ejecutor de los intereses corporativos de Washington, han reactivado su estrategia más agresiva de desestabilización.
El objetivo es claro e histórico, desmantelar las soberanías nacionales, quebrar a las izquierdas progresistas y saquear las riquezas de la región.

El zarpazo a Venezuela y el robo de sus recursos
El punto más crítico de esta ofensiva ocurrió el pasado 3 de enero, una fecha que quedará marcada en la historia de la infamia como el día en que se perpetró el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Más allá de las narrativas corporativas y mediáticas que intentan maquillar el suceso bajo el manto de una "operación judicial" o de "justicia internacional", la realidad objetiva es insoslayable, se trató de una violación flagrante al derecho internacional y a la autodeterminación de los pueblos.

¿Cuál es el verdadero motor detrás de este secuestro?
La respuesta no está en la defensa de la democracia, sino en el subsuelo, Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, además de inmensas riquezas en oro, gas y coltán.
Al secuestrar al lider del gobierno bolivariano, la estrategia imperial busca forzar la privatización y el control de estos recursos estratégicos, devolviéndolos a las manos de las transnacionales estadounidenses.

Sembrando discordia, el libreto de la desestabilización política
El ataque no es aislado, responde a un patrón geopolítico continental, la intervención en los movimientos políticos para generar fragmentación, desconfianza y discordia interna ha sido el arma predilecta para desgastar a los gobiernos populares.

El ejemplo de Bolivia es emblemático.Mediante la infiltración, el financiamiento de facciones opositoras radicalizadas y el uso de técnicas de guerra psicológica y mediática, se logró fisurar el tejido social y político para debilitar el proceso de cambio.
La receta de la CIA consiste en sembrar el caos desde adentro, ahogar económicamente a las naciones a través de bloqueos y luego presentarse como los "salvadores" del desastre que ellos mismos provocaron.

Doble rasero moral, la impunidad de la derecha en Honduras
Mientras la izquierda es perseguida y cercada, el imperialismo muestra su verdadero rostro de conveniencia geopolítica al proteger a sus piezas clave, un claro ejemplo de este doble rasero ha sido la liberación del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien había sido condenado en una corte federal de Nueva York por graves cargos de narcotráfico.

El indulto y excarcelación de Hernández no es un acto aislado de benevolencia legal, sino un movimiento estratégico diseñado para oxigenar a la derecha en Honduras, al excarcelar a figuras ligadas al viejo régimen, las agencias de inteligencia buscan reagrupar las fuerzas conservadoras, debilitar e intervenir en el panorama político actual y forzar la caída del proyecto de izquierda en el país centroamericano.
Para Washington, el narcotráfico es perdonable si el criminal se alinea con sus intereses geopolíticos.

Un ataque sistemático contra la izquierda progresista
La arremetida es global,desde el Caribe hasta el Cono Sur, cualquier intento de construir una alternativa económica y social que no responda al consenso neoliberal es catalogado como una amenaza.

La persecución judicial (lawfare), los bloqueos económicos, el control de las plataformas digitales y las operaciones encubiertas se dirigen con precisión quirúrgica contra los liderazgos populares, se busca convencer a los pueblos de que la izquierda es sinónimo de inestabilidad, ocultando que son las propias intervenciones externas las que estrangulan el bienestar social.

Cerrar filas para vencer
Frente a una maquinaria imperial que no respeta leyes ni soberanías, la dispersión es el camino hacia la derrota, la fragmentación de los movimientos progresistas y las disputas secundarias solo le hacen el juego al enemigo histórico de la región.

Hoy más que nunca, los pueblos de América Latina y las fuerzas populares deben asumir la imperiosa necesidad de cerrar filas, la unidad y la solidaridad internacionalista no son meras consignas retóricas, sino la única línea de defensa real, solo la articulación firme de los gobiernos soberanos, los movimientos sociales y la conciencia organizada de los ciudadanos podrá frenar esta nueva oleada de injerencia y garantizar que el destino de nuestra América Latina sea decidido por sus propios habitantes, y no en las oficinas de Langley.

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