Mario Silva García /// LA MENTIRA

 


No hay mentiroso sin talón de Aquiles ni engañado que nunca llegue a saber la verdad. El primero necesita ir enlazando tantos eventos que uno de ellos -al menos uno-, será suficiente para despertar las sospechas que derrumben los demás y termine por ser el punto de partida de una o más variables que llevarán al eterno dilema de confrontar o aceptar voluntariamente la mentira. Llegado este momento, intereses, debilidades, fortalezas y voluntades estarán creando un nuevo escenario de opciones irremediables que podrían ir desde seguir corriendo la arruga -una suerte de mito de Sísifo-, hasta una profunda transformación que cambiaría las reglas del juego. Sin embargo, ambos resultados, por más que se extiendan en el tiempo, invariablemente, pondrán en evidencia la mentira, la triada dialéctica (tesis, antítesis y síntesis) de la que no se salva nadie.

De manera que, habrá quien justifique la mentira por pragmatismo, materialismo, idealismo, espiritual reacomodo en los domingos de misa, inmoralidad o amoralidad reptiliana. Pero, el juicio personal, aún enterrándolo en esa biblioteca personal que todos tenemos, seguirá atormentándote, influyendo, justificando nuevos comportamientos con recursos mendaces -quieras o no-, que implicarían una repetición grosera de tu comportamiento ante los demás. Lo difícil no es mentir, pues es una salida fácil a la argumentación de tus actos. Lo realmente difícil es no terminar siendo cuestionado cuando los hechos concretos te aplasten y pretendas pasar por encima de la realidad por soberbia. Peor aún, porque tus intereses personales son superiores al resto del mundo que te rodea.

La inteligencia es la capacidad de entender que no eres el único que piensa, por eso es tan estúpido insultar la inteligencia ajena y subestimar la capacidad que tienen de confrontarte en el momento que menos esperas y permitirse dudar de cualquier plan “estratégico” que quieras imponer, porque “así debe ser”, porque los demás valen una mierda, porque yo soy el campeón de las mentiras y me tienen que creer. Y no me hablen de aquellos que traspasan impunemente la barrera ignorando que el peo está pisándole los talones, “no voy a seguir hablando de esto o aquello”, o “tú no me entiendes”, o “tú desconoces tal o cual cosa”, creyendo que pueden dar carpetazo final a esa bomba que sigue amenazándote mientras no tengas la capacidad de desactivarla. Ignorarla es más estúpido aún.

Sólo un consejo final para quienes creen que la mentira es ilimitada. De alguna manera, sea por lo que sea, aunque sea un pedacito, siempre vas a dejar el culo afuera y alguien lo va a saber.

Comentarios

Entradas populares de este blog

World's Smartest Cities - The Newsweek Momentum Awards

Mario Silva García: PRONUNCIAMIENTO SOBRE EL CASO ALEX SAAB +Video

The 50 best albums of 2019 / Los 50 mejores álbumes de 2019