Isabel Vileya /// ANÁLISIS PARA LA DISCUSIÓN Y DEBATE MARXISTA LENINISTA PARTE I
Decirse Marxista y conseguir serlo en realidad, son dos cosas distintas, lo primero es sencillísimo, lo segundo, no acaba nunca y requiere de estar permanentemente formándose y flagelando en uno mismo las deformaciones burguesas. Esto ultimo, es un trabajo arduo y fatigoso, porque de natural en este sistema, la soberbia nos acompaña a todos en grado superlativo y combatir al pedante que todos somos requiere de reconocernos como insufribles y sentir vergüenza ajena de nuestra sabiondez o de lo contrario, no expulsar nunca a ese agresivo gurú que hoy día es lo popular.
No me voy a extender más en el tedio de esa batalla contra el engreimiento, porque cuando a uno le hacen una observación, generalmente, al principio, responde con toda la vehemencia posible para sostener el argumento, luego cuando la honestidad personal en intimidad es la suficiente, empieza uno a recapacitar, y ya el argumento empieza a tener fisuras, hasta que en muchos casos, no se sostiene y en ese momento, cuando en la soledad quedamos aislados tesis con tesista, generalmente un sofoco empieza a enrojecer las mejillas y sube hasta las orejas y aquí suelen aparecer tres caminos: el primero, es el de negar la mayor y continuar con nuestra versión ahondando en la mezquindad para no asumir el error y en ello podemos reciclar el absceso de pudor para contra el oponente u oponentes a nuestra idea, el segundo sendero, suele ser el más común y nos lleva a asumir silenciosamente nuestra equivocación para ni corregirla públicamente, ni sacar aprendizaje alguno, ni ofrecer genuflexión de humildad. Simplemente resbalamos por la rectificación privada haciendo el menos aspaviento para conservar una fachada de presunta dignidad, que no es otra cosa que hipocresía de quien nos acepta el exabrupto y de nosotros mismos que negamos lo evidente, la modestia que a veces traviste a la soberbia.
El tercer camino, es reconocer que somos falibles y nuestro conocimiento es limitado y rectificar ante quien o quienes desafiaron nuestras creencias y mejoraron nuestra visión, la enriquecieron, la ampliaron o simplemente, nos sacaron de un error y corrigieron la inevitable estupidez de alimentar un absurdo.
Asi somos en muchas ocasiones y producto de la sociedad en que vivimos, todos los caminos que yo he resumido en tres, son las principales formas de actuar ante un debate dado o una polémica, porque vivimos en permanente lucha entre los valores mayoritarios de la sociedad y la construcción de un paradigma moral que todavía no nace porque serán los valores de una sociedad que, a pesar de que se construirá con los escombros de este sistema moribundo, tendrá que inventar nuevas formas de reacción social y crear valores que sirvan para la mayoría que permita el desarrollo humano y la felicidad de millones de seres humanos.
No es fácil ser mejor cuando la única certeza del ser, es lo que una sociedad decadente asume y reproduce como correcto, el calibre de lo correcto y lo incorrecto, depende de una clase que no esta interesada en defender el desarrollo pleno y colectivo de grandes mayorías, por ello, es razonable que se necesite un criterio rector que no esta construido o acabado.
En estos tiempos que corren, y entendiendo que no existen soluciones mágicas en el marxismo para discernir, analizar y concluir, si podemos hacer uso de algunas herramientas que son en extremo útiles para aplicar la dialéctica para la vida cotidiana y la realidad que nos ocupan, llamémoslos tips.
1. En la tesis XI sobre Feuerbach, Marx advierte sobre la necesidad de transformar la realidad mas allá de observarla, una de las peculiaridades que tiene el socialismo científico, es que requiere de un nivel de conciencia de las masas que debe traducirse en acción para romper la vertebración de la inercia social en el pensamiento intelectual como valor supremo. La observación de la vida y las condiciones materiales condicionadas a la superación de estas por la intervención de sus implicados o afectados. El sujeto histórico de estas transformaciones debe ser precisamente quien las padece.
Lenin, desarrolla este concepto, enriqueciéndolo al afirmar que la teoría y la practica revolucionaria son una unidad indisoluble donde ni lo uno, ni lo otro se entienden desconectados ni en grado desigual.
Esto es, estudiar, pensar, aprender, analizar, opinar, sino impacta en la sociedad y la transforma, deja de tener utilidad.
Si la opinión que damos no se traduce en un cambio material de las condiciones, es ademas de estéril y una perdida de tiempo, una forma de desgastar las fuerzas, disgregarlas y disiparlas, por ello, la configuración de las redes sociales y la virtualidad se prestan como una herramienta eficaz de descomposición social y también de las fuerzas revolucionarias.
Polemizar en espacios tan hostiles para el debate y tan propicios para el desencuentro y la exacerbación de los egos, termina por exigir una inversión en tiempo y energía que lejos de contribuir a la expansión de la conciencia critica y revolucionaria, termina deformando y minando las escuálidas aportaciones.
La cibermilitancia, es por otra parte, una forma de las peores de autocomplacencia.
La realidad de millones de seres humanos y la temperatura social, no se pueden medir virtualmente en debates de personas con intereses parecidos a los nuestros. Hay que subir al transporte publico, caminar por una población, una villa, un suburbio, ir a un hospital publico o a una junta de padres y madres, hay que pararse a escuchar en un paro o a la puerta de una obra, porque aunque en las redes estén todo los tipos de personas, nadie va a las redes sociales a contar o denunciar su realidad cotidiana, sino a tratar de reflejar una vida paralela que le ofrece ese tipo de herramientas digitales.
En otro orden de cosas, está la necesidad de conocer y aplicar categorías y leyes de la dialéctica a los analisis. Cualquiera que tenga la intención de llamarse comunista, debería tener un mínimo interés en ese conocimiento, pero, por supuesto, eso debe partir de cada cuadro, de cada militante. No manejar los conceptos básicos de la lógica dialéctica, equivale a tener que desempeñar toda la percepción de la realidad en el marco de la lógica burguesa. Por tanto, por mejores intenciones y mas humanistas que sean nuestros propósitos, seremos izquierdistas bienintencionados, quizás bienhechores, pero no podemos llegar ni a conocer, ni mucho menos a transformar la realidad y por descontado que jamás llegaremos a plantear una revolución socialista con conceptos creados por la burguesía para favorecer sus intereses. Si no tratamos de encontrar los mecanismos para esclarecer la verdad y acercarnos a ella y simplemente reproducimos consignas, intenciones o impresiones particulares, no podremos aproximarnos al necesario cambio de paradigma.
Existe una simple pregunta, que podría reducir a la mínima todo el ardor polemista y la vehemencia opinadora de nuestros días en nuestras filas. En qué contribuye al avance de la clase trabajadora.
Claro que para que esta pregunta sirva, es necesario apartarnos del dogmatismo y el oportunismo y tener claridad que, por ejemplo la clase trabajadora es una sola, da igual que esa clase se de un país oprimido o de un país opresor, y que las singularidades, forman parte de la categorización del contexto, de la clase como sujeto.
La forma, clase trabajadora, es la universalización de los derechos de todos los individuos que la conforman, el contenido, es que dentro de ella existen especificidades, como pueden ser el origen, la ausencia de privilegios, la pertenencia a una aristocracia obrera, la conciencia o ausencia de ella, entre otros.
Ejemplo. En qué contribuye un mundial de futbol al avance de la clase trabajadora. En absolutamente nada. En todo caso y en la segunda parte de este material, desgranaremos porque no solo no contribuye al avance, sino que más bien, a través del chovinismo y la exaltación, la divide, la disgrega y la aliena.
Lenin, desarrolla este concepto, enriqueciéndolo al afirmar que la teoría y la practica revolucionaria son una unidad indisoluble donde ni lo uno, ni lo otro se entienden desconectados ni en grado desigual.
Esto es, estudiar, pensar, aprender, analizar, opinar, sino impacta en la sociedad y la transforma, deja de tener utilidad.
Si la opinión que damos no se traduce en un cambio material de las condiciones, es ademas de estéril y una perdida de tiempo, una forma de desgastar las fuerzas, disgregarlas y disiparlas, por ello, la configuración de las redes sociales y la virtualidad se prestan como una herramienta eficaz de descomposición social y también de las fuerzas revolucionarias.
Polemizar en espacios tan hostiles para el debate y tan propicios para el desencuentro y la exacerbación de los egos, termina por exigir una inversión en tiempo y energía que lejos de contribuir a la expansión de la conciencia critica y revolucionaria, termina deformando y minando las escuálidas aportaciones.
La cibermilitancia, es por otra parte, una forma de las peores de autocomplacencia.
La realidad de millones de seres humanos y la temperatura social, no se pueden medir virtualmente en debates de personas con intereses parecidos a los nuestros. Hay que subir al transporte publico, caminar por una población, una villa, un suburbio, ir a un hospital publico o a una junta de padres y madres, hay que pararse a escuchar en un paro o a la puerta de una obra, porque aunque en las redes estén todo los tipos de personas, nadie va a las redes sociales a contar o denunciar su realidad cotidiana, sino a tratar de reflejar una vida paralela que le ofrece ese tipo de herramientas digitales.
En otro orden de cosas, está la necesidad de conocer y aplicar categorías y leyes de la dialéctica a los analisis. Cualquiera que tenga la intención de llamarse comunista, debería tener un mínimo interés en ese conocimiento, pero, por supuesto, eso debe partir de cada cuadro, de cada militante. No manejar los conceptos básicos de la lógica dialéctica, equivale a tener que desempeñar toda la percepción de la realidad en el marco de la lógica burguesa. Por tanto, por mejores intenciones y mas humanistas que sean nuestros propósitos, seremos izquierdistas bienintencionados, quizás bienhechores, pero no podemos llegar ni a conocer, ni mucho menos a transformar la realidad y por descontado que jamás llegaremos a plantear una revolución socialista con conceptos creados por la burguesía para favorecer sus intereses. Si no tratamos de encontrar los mecanismos para esclarecer la verdad y acercarnos a ella y simplemente reproducimos consignas, intenciones o impresiones particulares, no podremos aproximarnos al necesario cambio de paradigma.
Existe una simple pregunta, que podría reducir a la mínima todo el ardor polemista y la vehemencia opinadora de nuestros días en nuestras filas. En qué contribuye al avance de la clase trabajadora.
Claro que para que esta pregunta sirva, es necesario apartarnos del dogmatismo y el oportunismo y tener claridad que, por ejemplo la clase trabajadora es una sola, da igual que esa clase se de un país oprimido o de un país opresor, y que las singularidades, forman parte de la categorización del contexto, de la clase como sujeto.
La forma, clase trabajadora, es la universalización de los derechos de todos los individuos que la conforman, el contenido, es que dentro de ella existen especificidades, como pueden ser el origen, la ausencia de privilegios, la pertenencia a una aristocracia obrera, la conciencia o ausencia de ella, entre otros.
Ejemplo. En qué contribuye un mundial de futbol al avance de la clase trabajadora. En absolutamente nada. En todo caso y en la segunda parte de este material, desgranaremos porque no solo no contribuye al avance, sino que más bien, a través del chovinismo y la exaltación, la divide, la disgrega y la aliena.

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