Luis Fuenmayor Toro /// Los “por ahora”
Algunos eruditos del chavecismo gobernante, en su deseo de tratar de convencer
a sus copartidarios y seguidores, quienes están disconformes con la nueva
relación existente entre EEUU y Venezuela, a través de Trump y Delcy
Rodríguez, han tratado, mediante comparaciones a veces absurdas, de demostrar
que el gobierno está procediendo correctamente, al no enfrentar al agresor gringo,
sino dar un paso atrás o hacer un alto en la marcha del proceso “revolucionario”.
En esto pudieran tener razón, pero no es a ello a lo que centralmente me referiré.
Han dicho, que el “por ahora” de Chavez, el 4 de febrero de 1992, fue un alto en
el camino de la toma del poder, necesario en ese momento, pues no podían
vencer al enemigo militar que los enfrentaba. Que esa decisión del “comandante
eterno” fue similar a la decisión del Libertador en 1825, cuando decidió negociar
diplomáticamente con la Santa Alianza europea, que intentaba restaurar el poder
colonial en América y constituía una amenaza para Colombia.
La comparación puede ser válida en el sentido de evitar una pugna violenta, la
guerra, cuando es imposible derrotar por esa vía al enemigo, pues las diferencias
son muy grandes a favor de éste, pero en otros aspectos la comparación está muy
lejos de ser legítima. Nunca serán comparables Bolívar y Chávez, aunque el
fanatismo de algunos haya llegado a pensarlo. Bolívar defendía, desde la posición
de triunfador, 15 años de combates, que habían logrado la libertad de buena parte
del continente americano. Lo que se discutía era el destino de las nuevas naciones
recién nacidas. Chávez, en cambio, defendía una aventura desde la derrota, luego
de unos primeros combates, pequeños y cortos. Su derrota, en ese momento, no
significaba nada lesivo para el país, sino sólo para los directamente involucrados,
quienes perderían su carrera militar e irían presos, aunque todos sabíamos que
por muy poco tiempo y en condiciones especiales, mucho mejores que las de
otros presos del momento. Y no toco el problema de las justificaciones de los
golpistas, pues no es ése el análisis que quiero hacer.
Tampoco son comparables el “por ahora” de Chávez” con el “por ahora”, no
expresado en esa forma, de la cúpula gobernante actual, ante la derrota sufrida
frente al ejército más poderoso del mundo, aunque, sin duda, tienen entre sí más
identidades, que las de la comparación que inicialmente analizamos. El de
Chávez fue la rendición de un militar revoltoso frente a su mismo ejército, fuerza
de la cual provenía y a la que pertenecía: el ejército nacional, que defendía el
modelo político constitucional del momento, contra un grupo insurgente, cuyo
jefe demostró no ser muy diestro militarmente hablando, aunque sí,
posteriormente, mucho como dirigente político. De nuevo, su derrota no
comprometía en nada a la nación venezolana. El “por ahora” del gobierno actual,
en cambio, sí es una decisión trascendental, pues compromete, como en efecto lo
ha hecho, a toda la nación venezolana, su vida, su historia, su desarrollo, sus
recursos, su soberanía y su independencia, y no sólo a los directamente
involucrados.
Producto de una rendición no formalizada, pues no existe documento ninguno
que lo haga, la situación venezolana ha derivado en una dependencia informal de
EEUU, que crea un ambiente muy extraño, en el que no se sabe ni se puede
predecir hacia dónde se dirige el proceso, ni la duración del mismo, ni los límites
del vencedor y las posibilidades del vencido. Parece como si se hubiera
instaurado por primera vez formalmente, aquella política del “como vaya
viniendo, vamos viendo”. Pareciera que el gobierno gringo decide las cosas a su
libre albedrío y el nuestro simplemente las acepta y las acata, sin chistar. Desde el
3 de enero, hay una caja negra donde se guarda todo lo sucedido y las causas de
lo que sucede. Es imposible saber qué tienen en su cabeza los miembros de la
cúpula gobernante actual, aparte de tratar de conservar el poder, pero sí es muy
fácil conocer las intenciones de los opresores, pues no hay sino que observar sus
acciones.
Quienes inicialmente respaldamos y entendimos, tanto la designación de Delcy
Rodríguez como presidente encargada, como la conducta de rendición asumida,
ante la desproporcionada fuerza desplegada por los invasores y en previsión de
no generar más daños materiales y humanos a la nación, estamos en una situación
muy incómoda con nosotros mismos, al tener que mantener esas posiciones como
un “acto de fe”. Trump nos trata como una colonia, y no sólo declarativamente, y
no vemos una hoja de ruta de rescate de la soberanía perdida. Lucha, que
entendemos no se puede dar con posiciones y consignas generales estridentes,
parecidas a las que en el pasado retaron irresponsablemente al imperio.
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