Mario Silva /// HABLANDO DE SEMIÓTICA Y LENGUAJE CORPORAL

 

El despliegue informativo ejecutado por el gobierno interino para justificar la cachetada que le han dado a la República Bolivariana de Venezuela en la ONU, ha profundizado la crisis identitaria de nuestro pueblo.

Si algo debo reconocer, es la tremenda habilidad demostrada por quienes cohabitan con la embajada gringa en Caracas. Sólo hay que pasearse por el glosario de declaraciones que se han emitido desde el 3 de enero y como se fue gestando, desde la confusión y parálisis, lo que a todas luces ha sido, la traición más vil y ruin que se haya hecho desde tiempos de Páez y Santander.

Cada paso que han dado en lo comunicacional, y no quiero referirme hoy a la larga lista de actos inconstitucionales que han sido acompañados por la Asamblea Nacional, han sido de una perversidad maquiavélica y un cinismo sin precedentes. Desde la coerción, manipulación y eliminación sistemática de todos los símbolos del chavismo, hasta el acompañamiento de personajes a los que alguna vez se les tuvo respeto.

De nuevo debo decir que no he perdido mi capacidad de asombro, cuando leo un “análisis” desde la semiótica y el lenguaje corporal de la presidenta encargada, mientras se tomaba sonriente una foto con el genocida Trump, justificando la imagen oprobiosa como un “mensaje” de “rabia contenida y disciplinada”, supongo como un acto de -que manera de seguir con la manida frase de que estamos en una situación de “repliegue táctico”-, (manito con el símbolo de victoria invertida y el puñito cerrado hacia abajo etc, etc, etc). O, “el derecho a la depresión y el pesimismo”, otro sesudo análisis que descarta de plano el legítimo derecho a sentirse arrecho.

Por eso, repito, debo reconocer la habilidad mostrada por el gobierno interino, en seguir aletargando a punta de cachetadas la parálisis que va generando más confusión en el pueblo. La violencia popular puede ser muy legítima, pero hay que seguir arreando con la incertidumbre en un país que perdió esa cosa llamada soberanía, que no puede tomar decisiones en lo económico sin pasar por la Casa Blanca -nuestros administradores-, para pedirles una limosna, en un país que se permite violar la Constitución impunemente para que los gringos le metan empresas de maletín y les otorguen 65 mil millones de barriles de petróleo, en un país en el que nadie sabe qué pasó con más de mil toneladas de oro. En fin, en un país que nos muestra a la presidenta encargada, cambiando todas las reglas del juego para ejecutar una transición hacia la extrema derecha, que se va a la ONU y acepta que el genocida Trump le diga en su cara que “Maduro es un delincuente” y ni siquiera, en su discurso, haya denunciado el secuestro ilegal de un Presidente y su esposa. A ver qué análisis semiótico o lenguaje corporal puede justificar esta borrasca de situaciones que están enterrando aquello que el Comandante Chávez se atrevió a tratar de construir.

Sería bueno, como insumos semióticos, ver cómo justifican las relaciones con los sionistas y las últimas incorporaciones en nuestras relaciones con Chile y Paraguay. Un Chile que ahora dirige el fascista pinochetista Kast y con el presidente paraguayo que, como ahora somos los mejores amigos de la extrema derecha latinoamericana, ya no nos acordaremos de Carmen Villalba, su hermana, Laura Villalba y Francisca Andino, y qué implicaciones tendrían estas relaciones con la propuesta de reiniciar un segundo Plan Cóndor. Perdón, y ni qué hablar de nuestros nuevos amigos del Reino Unido, ¿nos entregarán el oro robado?

En ocasiones me invade la terrible sensación de estar en el bando equivocado o de haber asumido una posición tan radical que no logro entender a quienes amanecen un día con la firme creencia de que los gringos nos van a perdonar, nos van pasar la mano por el hombro y nos van a decir: “Te devuelvo tu soberanía. Ya entendimos que no podemos seguir siendo los malvados de la película y queremos reivindicar a la negrera, indiera y populachos de nuestro patio trasero”. Pero, es que eso es tan cercano a estar drogados o ser ingenuos, en el menor de los casos, que me prefiero ser lo que soy. Prefiero la patada en las bolas que me mantenga alerta a dejar de imaginar lo que aquí va a ocurrir, porque va a ocurrir, porque no hay manera de esquivar el colapso que están preparando los gringos y que están permitiendo los que ocupan hoy el Palacio de Miraflores. Justificarlo es criminal y los convierte en cómplices de ese colapso que tenemos encima. A no ser que el pueblo reaccione, los confronte y comprometa los planes que están en ejecución.

Ayer, y lo voy a repetir con la rabia que nos invade a la mayoría de los venezolanos, se barrió el piso con el Libertador Simón Bolívar, con el Comandante Hugo Chávez y el pueblo nuestro. Ni más ni menos. No hay análisis ninguno que justifique el nivel grosero de entrega que se hizo en las naciones Unidas. Nos avergonzaron.

Puedo reconocer las habilidades del fascismo, pero si hay algo peor son aquellos que le hacen el juego -intencional o no-, al fascismo. Tenemos incontables ejemplos de congreseros, analistas y eruditos marxistas, que se posicionaron timoratos tratando de ignorar lo que aquí estaba pasando. La mayoría de ellos hoy, no se atreven a seguir hablando. Y no es porque reconozcan que se equivocaron y le faltaron el respeto a nuestro pueblo, ¡No! Es porque, tenían que recoger la ropa y defender sus prestigios de congreseros, analistas y eruditos marxistas. Su enfoque personal tuvo más valor que el desmadre provocado por los gringos y quienes gestionaron la entrega.

Siguen actuando bajo la lógica imperialista y ese círculo vicioso sólo lo podrán romper los pueblos.


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