Misión Verdad: 🇺🇸🤖 El economista Frédéric Lordon explica por qué el auge de la inteligencia artificial se sostiene sobre una promesa, no sobre ganancias
En un artículo publicado en el blog de Le Monde diplomatique el 4 de septiembre de 2026, el economista Frédéric Lordon describe el negocio de la inteligencia artificial como una estructura que depende de que todos crean que seguirá creciendo, más que de los beneficios que realmente produce. Su punto de partida es una escena llamativa: el 10 de agosto de 2026, las mayores empresas tecnológicas y financieras de Estados Unidos se reunieron en el plató de CNBC para anunciar una inversión de 500.000 millones de dólares. Lordon revisó los documentos y encontró que no era un compromiso real de dinero, sino una simple declaración de intenciones. El analista Ed Zitron lo resumió de forma directa: "Es un puto MOU", refiriéndose a un memorando de entendimiento, es decir, un papel que no obliga a nada.
El problema de fondo, explica Lordon, es que las empresas que hoy lideran la IA —OpenAI y Anthropic— no ganan dinero: gastan mucho más de lo que ingresan. En 2025, OpenAI facturó 13.000 millones de dólares pero perdió entre 20.000 y 39.000 millones; Anthropic facturó 4.000 millones y perdió entre 4.000 y 42.000 millones. Aun así, ambas firmaron compromisos de compra de capacidad de cómputo por cientos de miles de millones de dólares con las grandes tecnológicas, contratos que las obligan a pagar aunque después no usen el servicio. Esos pagos no llegan de golpe, sino por escalones: en 2027 deberán desembolsar 412.000 millones y en 2028, 440.000 millones. Lordon compara esto con las hipotecas basura que provocaron la crisis de 2008: se firmaba hoy con una cuota barata y se pagaba después con una cuota imposible.
El autor señala que todo el edificio se mantiene porque los inversionistas siguen aportando dinero, y lo hacen porque creen que las empresas valdrán cada vez más. Pero esa confianza exige que el valor suba cada vez más rápido, no solo que suba.
"Aceleración: el punto crucial. Es la promesa de que el futuro no solo es más brillante, sino aún más brillante. Una bicicleta, para mantenerse equilibrada, solo necesita una velocidad constante; la bicicleta financiera de la IA exige una velocidad cada vez mayor (mi compasión por el ciclista). En matemáticas, hablamos de la segunda derivada. La primera derivada es la velocidad, la segunda es la velocidad de la velocidad. Y aquí radica la condición para la sostenibilidad de todo el sistema: en el lado de la valoración anticipada, la segunda derivada no debe volverse negativa. Esta es una condición exponencial. Pero en el mundo económico real, los crecimientos exponenciales continuados no existen", advierte.
Cuando ese ritmo se frene, dice, el problema no será solo de las tecnológicas, sino de los bancos, las aseguradoras y los fondos de pensión que, sin saberlo, están financiando esta estructura mediante deudas que no aparecen en los balances contables. Es como construir un rascacielos sobre una base que solo se sostiene si todos siguen poniendo ladrillos al mismo ritmo, y nadie lleva la cuenta exacta de cuántos faltan.
Un dato resume la gravedad del asunto: el director del fondo soberano de Noruega, que administra 2 billones de dólares, dijo públicamente que su fondo podría desaparecer. El artículo no niega que la inteligencia artificial sirva para algo: lo que cuestiona es que su expansión actual se parezca más a una apuesta colectiva que a un negocio rentable.
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