Isabel Vileya /// DESPOSESIÓN

 

Isabel Vileya https://t.me/isabel_vileya
20/10/2026

En estos días en los que hemos conmemorado en Chile el estallido popular de 2019, a siete años, se desencadenan en el mundo múltiples focos de clamor popular contra distintos gobiernos.

En medio de todo el ruido que provocan nuestros pensamientos amplificados por la caja de resonancia que son las redes sociales, es necesaria la meditación del fenómeno. De las formas y su contenido y sobre todo la raíz de tanto descontento social.

Contra las opiniones "abajistas" y chaqueteras, sostengo que, en la expresión de rabia popular, se observa entre muy pocas, una contrapartida negativa, la adecuación de la respuesta por parte del enemigo, todo lo demás, por negativo que sea, puede considerarse aprendizaje y en el mejor de los caso y si lo supiéramos optimizar, avance.

Ahora que hemos desaprendido lo que es la clase trabajadora, es recurrente al recuerdo de esa melancólica canción “Arbetsloze Marsh” escrita por el poeta y cantautor judío-polaco Mordechai Gebirtig: "La marcha de los desempleados". Es una famosa canción obrera en yidish escrita y compuesta en 1938 por un autor socialista, que pretendía señalar la expulsión del Olimpo de la producción de millones de trabajadores.

El dilema de la identidad de clase y la paradoja simplista acerca de la "conciencia de overol", no es nada nuevo bajo el sol, ya sea el Austral o el Boreal.

Marx en el capitulo XXIV de El Tomo I de "El Capital", dedicado a la "Acumulación Originaria", advierte sobre cómo el desarrollo del capitalismo -Ignorando todavía sobre el imperialismo actual, aunque si sobre la división internacional del trabajo y la rápida expansión colonial-, desposee cada vez más a los propietarios individuales.

La posesión de elementos o bienes de uso privado individual, en las fases más acabadas del capitalismo, terminan por desaparecer en favor de la propiedad social mercantil. Los hombres (pobres), dejan de poseer cualquier mercancía necesaria para la vida y el desarrollo humano, porque esas propiedades rinden mayores beneficios en sociedades, Trust, o carteles. Esto es, una casa para una familia no es un negocio de inagotables oportunidades, sólo una vez entra al mercado. Sin embargo, una casa en manos de un grupo de especulación que no la usará como residencia habitual, hoy es una adquisición para la sociedad anónima. En su adquisición participarán los socios y en el acto de adquirirla como bien, ya están participando en su propiedad y en lo que rendirá en el futuro.

Las sociedades que acumulan casas, por ejemplo, perfeccionan tantísimo el negocio, que han llegado a la comprensión de que, por ejemplo en el negocio inmobiliario, es de súper rentabilidad el alquiler vacacional que permite incesantemente a la inversión inicial exprimirla frenéticamente. En estas operaciones se gana mucho, porque no es sólo el ingreso neto por las múltiples operaciones reales de arrendamiento, sino por el posible o deseable volumen que se le proyecta a la propiedad en si.

El ejemplo de las casas, no solo sirve para graficar mayúsculamente el mecanismo por el cual, el grado mayor de desarrollo capitalista trae consigo la expropiación de los derechos más elementales del individuo.

No tener ni una casa, no es obra de la maldad calculada, sino producto de los cálculos del capital que pasan a arrastrar como daños colaterales del sistema a los de más abajo.

Podemos tener conciencia de ello o no, e incluso negarnos y rendirnos en los brazos del enemigo y colaborarles en su propósito con la esperanza de distanciarnos de nuestros pares de clase y acercarnos a otra clase para medrar a su alero. Cuestión, está última, que por la lógica natural de la acumulación capitalista, nunca se va a dar dentro del capitalismo que es el sistema del "darwinismo social" por definición.

Los desposeídos, somos en primera instancia, desposeídos de las mercancías, pero a su vez, como mercancía que aportamos con nuestra mano de obra al sistema, hemos sido históricamente desplazados, relevados y prescindidos del falso privilegio de ser explotados.

 Son tan profundas las raíces de las contradicciones capitalistas, que en muchas ocasiones, el sistema incapaz de regularse por si mismo, genera acumulación de las fuerzas productivas provocando destrucción de las mismas, incluidas las fuerzas humanas.

Los trabajadores que relata la canción, se quejaban amargamente de vivir como los ricos que no hacen nada. Entre el rosario de lamentos, el no hacer nada del desposeído se distancia del no hacer nada de los ricos, porque mientras el rico en una misma jornada de holgazanería sigue acumulando a un nivel en ocasiones descomunal, el desempleado empieza a concentrar miseria en un grado insuperable que llega a tornarse fatal.

La desgracia de millones de pobres que comienzan a perderlo todo, se amplia irreversiblemente por las propias leyes naturales de la dialéctica como fuerzas de tracción. El pobre más pobre se debilita y se ve obligado a deshacerse de lo que tiene a menor precio, el rico, cada vez más rico, compra más, a más pobres y más barato.

Por ello, la desposesión no es un solo acto, sino una espiral más profunda para el oprimido y más exitosa en su polo opuesto para el opresor.

De las dos caras de la moneda, el que tiene algo que preservar, suele tener mayor conciencia además de posibilidades de su propia realidad y aspiraciones, que el que se encuentra en la ruin carrera de ir renunciando a todo por salvar una misera miga de pan.

Las cadenas no se notan hasta que el esclavo no se mueve y ahí, cuando nota las cadenas es cuando da el salto a desear la liberación.

Poco importa a esas alturas como llegó a permitir que alguien le impusiera el grillete, por eso es tan importante saber que sujeto histórico somos antes de llegar a estar simplemente sujetos como esclavos.

Desconocer la calidad de obreros, aunque ya no seamos convenientemente fabriles, es no entender el rol en la producción más allá de participación real en ella.

Un proletario, no es proletario porque trabaja en una industria, sino porque en relación con el sistema, no es más que un peón (en cierto grado prescindible). En la producción, su participación es exclusivamente en calidad de mercancía de intercambio. Un obrero no representa para el sistema más que un engranaje de cualquier maquinaria, es reemplazable, sustituible y prescindible, en tanto exista recambio humano o artificial. Pero sin la posibilidad de ser explotado, sin ser mercancía del propio sistema, no se transforma en otra cosa más que en aspirante a lo anterior. La condición material de un obrero báscula entre el explotado y el desposeído.

Más allá de las descripciones que hicieran Engels o Marx sobre el lumpen proletariado, se impone la tozuda realidad, de que esta capa (no confundir capa con clase), es en estricto rigor, una gran masa informe de excluidos del sistema de producción que debería estar en disputa, pero que ha alcanzado el grado de descomposición suficiente, para que su accionar la sitúen más cercana a alinearse con los intereses de la burguesía que con su capa inmediatamente superior, los trabajadores asalariados.

Los desposeídos muy fácilmente caen en el lumpen, esto hay que entenderlo como fenómeno económico y político y huir de las consideraciones morales burguesas. El lumpen proletariado está más cercano a delinquir por la desesperación material que por ninguna otra cosa, pero para entrar en justificaciones y validaciones sociales, termina por seguir participando de un sistema moral en el que tan pronto recibe la condena de quienes lo instrumentalizan para sus propósitos, como es idealistamente justificado por el estrato proletario y romantizado sin precaverse de los nocivos efectos de la moralidad y las acciones que acompañan a esta capa social.

No se trata de justificar idealizando el delito, ni de juzgar y condenar con consideraciones morales burguesas.

En "el robo de leña", Marx reflexionaba sobre la apropiación primigenia, si la tierra no se creo con títulos de propiedad y ofrece sus recursos indistintamente a todos los individuos de todas las especies, el que se apropia primero de la tierra y los recursos, es un ladrón, por tanto expropiarlo de lo ya apropiado no sería inmoral.

Otra cuestión es la ilegalidad, porque por más que algunos piensen en el derecho romano, el derecho prusiano o el derecho inglés o anglosajón, son fuentes naturales del sentido común, no constituyen un elemento consuetudinario de orden público, sino, más bien, códigos para proteger y amparar a las clases privilegiadas en el poder y dotar a las sociedades de códigos de conducta ordenados y de acuerdo a la obediencia.

El derecho moderno que bebe de las fuentes europeas del derecho, expresa en su desarrollo y aplicación las viejas formas de dominación europeas, basadas en la imposición "civilizada" de códigos de conducta que a la luz de la realidad y a fuerza de rutina han llegado a ser casi incuestionables, de tal modo, que la práctica totalidad se puede percibir fuera de la obediencia ciega como ser social libre e independiente, soberano.

Cuando la reacción nos enuncia como "antisociales", no está señalando la falta de empatía para nuestras relaciones sociales. Lo que define esa expresión, es el grado de desafío o desobediencia a los códices impuestos por los leguleyos de la burguesía.

Las leyes humanas no emanan de la naturaleza y muy por el contrario de la falsa atribución al derecho romano como contribución impecable del "derecho vivo". No, las leyes no reflejan la vida y codifican sistematizadamente las condiciones.

Las leyes de la burguesía, corrigen o pretenden corregir punitivamente la convivencia en favor de los intereses de su clase y la preservación de sus intereses. Blindaje de su capital y privilegios, así como seguridad para sus inversiones y tranquilidad para el desarrollo de sus vidas.

Es por lo que, como comunistas, no deberíamos ver la delincuencia como hecho separado del sistema de producción.

En un sistema de apropiación de la propiedad individual y del trabajo ajeno, recuperar de alguna forma como modo de supervivencia los bienes de los que somos objeto de expolio las masas, no es ni un delito ni un pecado.

Más allá de las consideraciones éticas y morales e incluso de la utilidad revolucionaria, se encuentra por supuesto, la razón más elevada de esta reflexión, que no es otra que la de situar las acciones personales de atentados contra el capital como formas incompletas, reduccionistas e ineficaces de luchar contra el sistema salvaje capitalista o de infligirle daño relevante.

En una sociedad justa socialmente, no tienen cabida los elementos disruptivos que atentan contra el bien común, más, en una sociedad de desigualdad e injusticia, cuando los medios de producción y recursos se concentran en unas pocas manos, atentar contra el orden establecido, significa cuestionar, desgastar y desestabilizar el estado de las cosas.

Con esto, no se pretende embellecer o blanquear la violencia personal, sino más bien, entender los fenómenos de ira y violencia colectiva, su origen y sus componentes.

Del mismo modo que podemos reconocer que los hechos de recuperación son más que razonables y justificados, podemos concluir que, finalmente, cuando las clases más desposeídas recurren al camino de la delincuencia, por lo general tienen un recorrido menos honroso de lo que desearíamos.
El lumpen proletariado se convierte en enemigo de los trabajadores, porque es precisamente la capa inmediatamente por encima de ellos la más accesible y menos arriesgada de atacar, primeramente por la vulnerabilidad. Los ricos muy ricos invierten grandes sumas en seguridad, mientras los pobres que son un poco menos pobres, simplemente viven sin poder ocuparse de generar protección sobre sus pocas miserias. A ello se le suma, que los que no tienen nada más que sus manos y creatividad son bien predispuestos al acceso de inmediatez, por cuanto sus horizontes no se pueden situar demasiado lejos de sus posibilidades. En resumidas cuentas, este sistema, también propicia qué el delito se de frecuentemente más hacia los más vulnerables y entre los más vulnerables.

 Con esto, no pretendemos afirmar ninguna simpatía por los elementos discordantes del sistema capitalista, más bien todo lo contrario. El subproletariado, es un producto económico del sistema que a su vez se haya atado a esas cadenas de desposesión por cadenas sociales de exclusión. Los anti-valores de la delincuencia, son a su vez valores en oposición al sistema, que se retroalimentan.

No podemos decir que el lumpen proletariado es una capa aliada, porque en realidad no lo es, es una capa que más fácilmente se suma a los propósitos de la burguesía qué a los de la clase trabajadora, pero políticamente si es disputable, no como aliados, sino como parte recuperable del musculo perdido de las fuerzas del proletariado por la desposesión capitalista.

Es fácil, cuando se está en el peldaño último de la pobreza, caer en el cenagal de la delincuencia. Recurrentemente hay quienes afirman que es por vaguedad. Ésta es una condena o sentencia cómoda cuando se tiene una oportunidad diferenciada, por mínima que sea, que quien nace con el estigma de la pobreza.

La referencia permanente a la meritocracia, es un ejercicio interesado de relevar la generalidad ante la excepcionalidad.

Convengamos, en que la violencia política y la delincuencia en abstracto, no son la misma cosa, pero que ambas expresiones, son producto de la rabia que provoca el despojo capitalista. Por ello, debemos entender, que la violencia no es la partera de la historia porque lo dijo el barbón de Karl Marx, sino porque, cuando un sistema oprime al grado del capitalismo, quienes no pueden más, salen a destruirlo todo porque, en la insuficiente percepción e incompleta conciencia, se produce la asimilación más o menos acertada, de identificar todo lo que nos rodea con la opresión.

No deberíamos saltar la etapa de la comprensión de estas realidades si de verdad tenemos la intención de construir sólidamente una herramienta de utilidad práctica real para la emancipación de los desposeídos. De no entender como es la dinámica práctica de la sociedad en que vivimos, terminaremos siendo la marginalidad dentro de los elementos más marginales, pues no puede ni debe existir un Partido emancipador de clase que se construya en el elitismo y la moralidad superior redentora de que debería combatir formas propias de la clase dominante. Eso no obliga a empatizar o defender el anarquismo o el terrorismo individual, simplemente condiciona nuestro accionar a la comprensión de los fenómenos y plantear las tareas prácticas en estrategia y táctica.

Estratégicamente, para alcanzar grados superiores de conciencia y acumulación de fuerzas, debemos conquistar a los elementos vacilantes de las capas no asalariadas, tanto a los desplazados del sistema de producción, como a los pequeños propietarios de los que por el momento, no nos vamos a ocupar. Nótese qué conquistar no es decretar y que de ello se infiere la atracción a nuestras posiciones y no al contrario.

Bajo ningún concepto, esto puede suceder, mientras sigamos dirigiéndonos a los que por circunstancias devenidas de la acción del sistema capitalista se encuentran en eslabones inferiores y más deprimidos, como si les estuviéramos haciendo un favor. Es sólo una coyuntura circunstancial que nosotros hoy podamos gozar de una situación en algún grado más desahogada que otros. Hay que entender de una vez por todas, que nuestras condiciones materiales de existencia, en poco o nada, son debidas a nuestra propia decisión y que por lo demás de un momento a otro, son susceptibles de transformarse y depauperarse pues en muy poco nos pertenecen.

Esa deriva material provocada por un sistema de producción inhumano y cruel, es la que nos debe llevar a plantear bien el problema. Formamos parte de una misma masa con condiciones extremadamente precarias. Cada uno de nosotros no debe competir por las singularidades que nos distinguen o sobresalen del colectivo, tenemos que fijar la lucha en derrocar esa dinámica en la que una hebra de carne pegada a un hueso pueden suponer la diferencia social.

Comentarios

Entradas populares de este blog

World's Smartest Cities - The Newsweek Momentum Awards

Mario Silva García: PRONUNCIAMIENTO SOBRE EL CASO ALEX SAAB +Video

Zulia|| Diosdado Cabello lidera la segunda fase de la Gran Peregrinación Nacional por una Venezuela sin Sanciones y en Paz +Fotos y video